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Candela Sierra

“A la cultura hay que subvencionarla”. Entrevista a Candela Sierra.

Después de las buenas sensaciones que trasladó con su ópera prima «Rotunda»,
dedicada al maravilloso mundo de las rotondas y a la precariedad laboral, Candela Sierra se consolida como una de las grandes autoras del momento con «Lo sabe aunque no te lo he dicho», libro con el que ha ganado el Premio Nacional de Cómic 2025.

En esta obra, llena de experimentación, Sierra juega con las posibilidades del
medio para descubrirnos un nutrido mosaico de personajes y situaciones en las que la incomunicación se convierte en norma.

Portada Comic Lo sabes aunque no te lo he dicho


¿Cómo recibiste la concesión del premio?
De manera muy inesperada. Abrumada por todo el cariño y honrada por el prestigio del premio.


Ganas el premio con «»Lo sabes aunque no te lo he dicho». ¿Cómo nace la obra?
Me hacen una propuesta por parte de una revista que hacían en la Fundación Antonio Gala. Yo había sido residente y me invitaron a participar. Hice una historia de tres páginas que da origen al libro, la que sirvió de desencadenante.


¿Es la primera historia que leemos?
No, le he dado muchas vueltas al orden del libro. Está en el medio.


¿Qué te hizo pensar que podía tener un mayor desarrollo?
El libro es un compendio de historias. En la revista pude hacer lo que quise y me
pareció que podía haber un buen tema a desarrollar. Hasta entonces solo había hecho el dossier de «Rotunda», mi primera obra, y no lo había dibujado entero. Quería algo más ligero que no me atara tanto a los personajes o a una única línea argumental.
Me pareció que hablar de la incomunicación entre las personas podía dar de sí y que se podía contar de muchas maneras y así fue creciendo. Cuando se publicó esta revista y vi que allí probablemente había el germen de algo lo mandé a las ayudas Injuve de ayudas a la producción y tuve la suerte de que me la concediesen.

Dos amigas disfrutan diferentes actividades juntas.


¿Cuál fue la primera historia?
La de las dos amigas con el perro. El perro se añadió al final.


El eje de la obra son las relaciones y, como comentabas, la comunicación en todas ellas.
Así es. Me di cuenta de que todas parten en realidad de lo mismo, un narcisismo
extremo. Damos por supuesto que nos tienen que entender, que hay que evitar el
conflicto, un montón de dinámicas en las que estamos todos incluidos.


Analizas muchos tipos de parejas, no solo sentimentales sino también amistades e incluso familiares.
Me gustaba intentar hacerlo lo más variado posible.

Como Irene Márquez, generas personajes muy diversos en los que intentas evitar caer en la repetición y los estereotipos.
Cuando veo que son muy parecidos intento cambiarlos, pero Irene Márquez es
brillante en eso.


Expresas la incomunicación de muchas maneras, exprimiendo al máximo los recursos que el medio ofrece.
Era un libro que me daba pie para jugar. Quería que el libro solo pudiese ser ese libro, que su valor fuese que era un cómic y que fuese intraducible a otros medios en la medida de lo posible. Quería un estímulo más allá de solo dibujarlo. Quería reforzar a través de la imagen lo que quería contar. De hecho, creo que hay elementos visuales que funcionan mejor que las palabras en el libro.

Personas transformándose en lobos, lealtad y transformación.


Juegas con el medio y con sus procesos.
Todo lo que tuviese que ver con la reproducción de la imagen me valía. No me he
inventado nada pero para preparar las clases he ido conociendo recursos que los
autores empleaban en el siglo XIX y que han ido cayendo en el olvido, quizás por la estandarización del medio y pensé en recuperarlos.


No sé hasta qué punto ha sido complicado conseguir un hilo narrativo que uniese todas las tramas.
El libro fue creciendo y al principio las historias no iban a estar unidas. Vi en una
película de Buñuel, «El fantasma de la libertad», como se enlazaban las nueve escenas de la película de un modo similar a como lo he hecho en el libro: seguimos a un personaje, entra en otra escena, desaparece y nos lleva ya a ese a otro universo. Así fueron saliendo nuevas ideas que servían de preludio para otras historias y lo fui hilvanando todo.


El libro traslada mucha sensación de verdad, de experiencia vivida. ¿Hasta qué punto te has basado en experiencias cercanas?
La vida cotidiana me ha servido de inspiración, pero he intentado transformarla. He intentado que no haya nada literal. Me gusta crear nuevos contextos. Un amigo me decía que cuando estuviese atascada intercambiase a los personajes los diálogos y te ofrece otra visión. Parto de lo cotidiano, pero lo intento llevar a otro sitio. Muchas ideas nacen de ver las noticias, a los políticos.


Cuando empiezas a plantear el libro aún no habías realizado tu primer trabajo publicado, «Rotunda». ¿Ha habido mucha diferencia en el modo de enfocar el proceso entre ambos?
Sí, por que para «Rotunda» preparé un dossier, tenía un resumen del guion… pero no me había puesto a trabajar hasta que me dieron el premio. La manera de hacerlo fue muy ortodoxa: hasta que no tuve el guion completo no empecé a trabajar las páginas. Hice el storyboard entero, el dibujo y el color. Fue muy ordenado todo. Sin embargo, «Lo sabes…» me permitía ir jugando. No tenía las cosas claras y si cambiaba una historia de orden ya era otra cosa distinta. Las fui dibujando individualmente y cuando supe que iban a ir unidas empecé a pensar en esas transiciones. Hice todo a la vez.


¿Cuánto tiempo se tarda en hacer un cómic?
Mucho. A mí me gusta ir macerándolo poco a poco. Ten en cuenta que «Rotunda» ya salió en 2023. Tenía ya 33 años y no había hecho un triste fanzine. Cumplí 30 años durante la pandemia y, aunque ya venía dándole vueltas antes, creía que ya era hora de ponerse en serio. Han pasado cinco años desde que empezaron a nacer esos gérmenes. En dibujarlos igual no he pasado tanto, pero le he dado muchas vueltas. Me cuesta decir cuánto he tardado porque igual he trabajado un año en cada uno ero en medio han pasado un montón de cosas. La vida te atropella un poco.


Estudias en la Universidad de Granada. No sé si coincides con Sergio García.
Sí, fue mi profesor en cuarto de carrera y con él hice el proyecto final. También me recomendó el master de Angoulemme. Después empecé con él el doctorado.


Además de profesor es investigador del medio. No sé si ha afectado a tu concepción del cómic.
Muchísimo, claro. Yo ya había vivido en Bruselas cuando él me dio clases. Ya tenía un interés fuerte en el medio, pero siempre fue muy reveladora su manera de enseñar. Además, me ayudó un montón. Le tengo mucho cariño.


Hablas de la estancia en la Maison des auteurs de Angoulême.
Sí, antes me fui a hacer un master público allí, mucho más barato que en España por cierto. Dos años después volví a la Residencia. Me fui un verano y muy bien.


Hay una generación de autores anterior que ha sido muy autodidacta. En la tuya está muy implantada la existencia de Residencias, becas, una formación específica en la que se convive con otras propuestas culturales.
Sí, porque hay residentes de muchos sitios y está muy bien. Admiro a los dibujantes autodidactas y no considero que haga falta esta formación, pero creo que, para gente como yo, a la que en algún momento me ha faltado un pequeño motor, nos viene bien el impulso que ofrece el sistema escolar o la posibilidad de pedir ayudas para sacar adelante proyectos. Depende del grupo con el que te toque convivir y los profesores, pero lo bonito es que las aproximaciones son muy distintas.


Hablas de las ayudas. El medio está muy vinculado a la precariedad y no sé hasta qué punto son importantes estas becas o ayudas para que otro tipo de proyectos más personales puedan encontrar acomodo.
Son imprescindibles, claro. A la cultura hay que subvencionarla porque no debería
entrar en las lógicas del mercado. He trabajado de muchas cosas para poder hacer mis libros. En el caso de «Rotunda» el premio fue determinante. Yo no quería dibujar ese libro si no era con dinero.

Comic sobre conversación distraída y escuchar en diagonal.



No sé si es abrumador conseguir el premio.
Sí. Ahora mismo es mirar al abismo. Es cierto que quiero hacer más libros, pero cuando nadie espera nada de ti es más fácil. Ahora entiendo que te puede leer más gente y estás más expuesta a la crítica, que es normal. Está ese miedo de que ya no eres una persona anónima que ha sacado un libro.

Hablabas antes de animación. No sé si te gustaría llevar la historia a otros medios.
El año pasado estuve en las residencias de la academia de cine. Llevé el proyecto de «Rotunda» para adaptarlo a filme de animación. Es una historia más canónica y me parece más lógico realizarlo. No había pensado en adaptar «Lo sabes…» quizás se podría hacer pequeños episodios, pero no lo he pensado.


La edición está muy cuidada. No sé hasta qué punto te implicas en esas decisiones.
Como teníamos la ayuda de Injuve podíamos permitírnoslo. La ayuda es para la
producción del libro, no para su realización. Cuando entró Astiberri, ya teníamos
asegurada la edición, pero permitió la inclusión de una tinta flúor extra, por ejemplo.
Trabajamos juntas en el diseño Alba Dielthelm y yo, o más bien le ayudaba. En mi cabeza siempre fue un libro de 17×24 cm., que es el que menos papel desaprovecha por pliego, con tapa blanda. También quería que los créditos estuviesen dentro del relato. Pudimos permitirnos extras como imprimir el interior de las solapas, por ejemplo.


¿Proyectos?
Tengo mis trabajos de ilustración y un nuevo libro que va avanzando poco a poco.
Como el premio viene con una dotación económica quiero hacer las cosas con tiempo por primera vez. Quiero estar más tranquila y no decir a todo que sí por necesidad.



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