blog de comics 1

Blog de Cómics ofrece noticias, novedades y reseñas sobre cómics. También incluye entrevistas a autores de cómics.

Blog de Cómics es tu blog sobre cómics en español.

El Irra

«Yo me crié con la violencia». Entrevista con El Irra

Israel Gómez Ferrera, El Irra (Sevilla, 1979) antes que autor de cómics fue cerrajero, y su vida discurrió en la calle. Eso propició que, como autor, nos haya ofrecido unas obras tremendamente personales, violentas, llenas de furia y rabia, pero con una profundidad que, a veces, solo el saber callejero nos ofrece.

Autor de obras como «No te serviré» o «Palos de ciego», acaba de publicar el Volumen 2 de «Perros Atados», y nos responde esta entrevista, «en caliente», mientras termina el final de su Trilogía del Vía Crucis.

Silueta cayendo en cielo pixelado con 'Insert Coin'.

«Perros Atados» cierra, al menos de momento, tu trilogía del Vía Crucis. ¿En qué momento supiste que esta historia tenía que contarse en tres actos y no de otra forma?

Esta historia la escribí hace unos veinte años, cuando trabajaba de cerrajero. Era un relato mucho más pequeño, con un enfoque más naturalista sobre un cerrajero que jugaba a dos bandas, a lo Yojimbo, ambientado en un recinto residencial en la Costa del Sol.

Cuando retomé el proyecto después de «No te serviré», la cosa empezó a crecer y a mutar. En un principio iba a ser un solo volumen. Hice el storyboard completo, pero al empezar a ejecutar el material fue expandiéndose casi de manera orgánica.

Entonces surgió la opción de publicarlo en Estados Unidos y decidí dividirlo en capítulos de 30 o 40 páginas, formato comic book. Al final salió directamente para el mercado nacional y se transformó en un díptico y después en un tríptico: fatalismo, caída e inevitabilidad.

-El entorno urbano de «Perros Atados» es casi un personaje más, muy reconocible y a la vez deformado. ¿Qué referencias reales o culturales hay detrás de este universo iberpunk?

Hace más de diez años me mudé a un barrio humilde de Sevilla. Convivo con el salvajismo de la clase trabajadora y con la violencia cotidiana.

El hijo de un vecino de mi bloque está en la cárcel por asesinar a puñaladas a un hombre el verano pasado. Enfrente tengo un pastor alemán violento que se pasa el día ladrando detrás de una reja como si fuera una perrera; a veces se escapa y ataca a quien se cruce. Un día intentó matar a mi perro y cuando intenté lanzarle una patada, me pegó un bocado en la pierna. Hace poco entró en casa de una vecina y le mordió la mano. Lo bueno y lo malo de la clase humilde es que la sangre casi nunca llega al río. Esa mujer decidió no denunciar. Y así nos va: camina o revienta.

Por eso hago sci-fi sin clichés. La inspiración me surge cada vez que salgo a la calle.

-Gráficamente se aprecia una evolución clara respecto a trabajos anteriores. Mirando atrás, ¿en qué crees que has cambiado más como autor desde tus primeras obras hasta llegar a «Perros Atados»?

La putada es que me es imposible disfrutar de mi propio trabajo una vez finalizado. Mi enfoque perfeccionista tiende a enfocarse en los aspectos en los que he podido errar. La realización del acto creativo es más importante que el producto final. Adapto el dibujo al tono de lo que cuento, al tiempo de producción y a mi estado anímico en ese momento. Puedo ser muy barroco, pero suelo tender a un estilismo antiestético. Añadir imperfecciones es parte del proceso. Amplificarlas como herramienta narrativa. Es por eso que supongo que no formo parte de ningún ideario académico.

-Se suelen mencionar influencias como David Rubín en tu trabajo. ¿Qué autores, dentro y fuera del cómic, sientes que te han marcado de verdad a la hora de dibujar y narrar?

La influencia de David fue decisiva. Sin él no habría dado el salto profesional. En cuanto a referentes en mi trabajo, diría: Verhoeven, Buñuel, Carpenter, Pasolini, Sequeiros, Miller, Otomo, De Felipe, Moore, Mazzucchelli, Pratt, Ditko, Tod Browning, Lon Chaney, Dostoievski, Walter Hill, Kafka, Jonathan Glazer, Paco Gandía, Pepe Da Rosa, las historias de mi abuela Concha y de mi entorno más cercano.

Hombre leyendo cómic de superhéroes, reflexión filosófica.

-Tus cómics transmiten una violencia muy física, pero también muy espiritual. ¿Qué peso tiene la culpa, la fe o el castigo en tu manera de construir historias?

Yo me crié con la violencia, tanto fuera como dentro de casa. Y, por desgracia, también la he ejercido.

Crecí en un pueblo donde la violencia estaba a la orden del día y pasé casi toda mi infancia en la calle. Eso te marca de por vida, aunque luego intentes racionalizarlo o sublimarlo.

-Has optado siempre por un discurso muy directo, sin concesiones ni explicaciones de más al lector. ¿Confías en que el lector complete los huecos o te interesa más provocar incomodidad que comprensión total?

En mis tebeos importa más lo que se muestra que lo que se dice.

Odio aburrir. El problema empieza cuando se impone una fórmula pensada para no molestar a nadie. Personajes planos, previsibles, diseñados para representar ideas. Los personajes que siguen rompiéndote la cabeza son los de Kafka, Dostoievski o Jim Thompson. Busco densidad moral, espesor trágico. Hoy casi todo parece diseñado para ser entendido o para gustar, no para doler.

Portada cómic Perros Atados, edificio y texto destacado.

-Después de cerrar esta etapa, ¿te apetece seguir explorando este universo o necesitas romper con todo y empezar algo completamente distinto?

Probablemente haga un encargo sobre Aleister Crowley. También tengo varios proyectos en la recámara. Un par de historias que me rondaban por la cabeza y que finalmente serán escritas por mi hermano, Dabi.

-Para terminar, volviendo al origen: ¿qué fue lo que te empujó a hacer cómics y qué te sigue motivando hoy para seguir contando historias tan personales y duras?

Hacer cómics siempre fue un refugio, una forma de no reventar por dentro.

Y sigue siéndolo.

Mano sangrante sobre una cruz morada.



Publicado

en

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *