Comic y censura

Rescatamos este interesante artículo sobre la actual cultura de la cancelación, la censura y la relación con el cómic. Escrito por el divulgador Borja Crespo, incluye algunas declaraciones de Ricardo Mena, alma máter de Blog de Comics.

CÓMIC Y CENSURA

Vivimos tiempos convulsos en general, pero la libertad de expresión está sufriendo algunas llamativas sacudidas en particular, sobre todo en relación al arte. Ha sido sonado el efecto Streissand que ha elevado las ventas de ‘Maus’, la obra magna de Art Spiegelman, tras ser prohibida su lectura por una junta escolar de Tennessee hace unas semanas. Cada vez estamos más cerca de ‘Farenheit 451’, la novela de Ray Bradbury, bien llevada al cine por François Truffaut, donde se quemaban los libros ante el regocijo de los censores en una sociedad alienada. Censurar un contenido acaba dándole promoción, no es nada nuevo. Las críticas proporcionan una mayor visibilidad y en el computo final muchas veces sale a cobrar, pero el tema no deja de llamar especialmente la atención cuando se trata de títulos reconocidos, de especial importancia en nuestra historia, algo que viene de lejos. A principios de la década de los años 50,  William M. Gaines logró levantar la empresa familiar, combinando la creatividad y las preferencias del público de la época editando tebeos. Nació la mítica E.C. Comics, anfitriona de un sinfín de páginas ilustradas, salpicadas de crímenes y horror, que forman parte de la memoria colectiva y la cultura popular. La juventud de la posguerra en EE.UU andaba algo harta de tanta historieta moralista. Entró en escena un siniestro personaje que presentaba los terroríficos relatos del nuevo material alardeando de un inusitado humor negro: Crypt-Keeper, el sarcástico Guardián de la Cripta, un afamado icono que aún perdura en nuestros días gracias a sus muchas imitaciones -por ahí anda el Tío Creepy, de la añorada revista ‘Creepy’ de los años 80-, sobre todo en el cine y la televisión.

Crypt Keeper

“La censura, como todo, ha evolucionado”
Óscar Palmer

El inusual descaro del Guardián de la Cripta, sus juegos de palabras y su prosa envenenada, son la marca de la casa de cabeceras míticas como ‘Tales fron the Crypt’, ‘The Vault of Horror’ o ‘The Haunt of Fear’. La dictadura de lo políticamente correcto mandaba, pero los tabúes se vieron pisoteados por la apuesta de Gaines y su gente. Ante los atónitos ojos de los bienpensantes, las ventas se dispararon, creándose una fértil hornada de guionistas y dibujantes: Albert B. Feldstein, Wallace Wood, Jack Davis, John Craig, Graham Ingels… A pesar del ataque de la tristemente famosa “caza de brujas”, desencadenada por el senador McCarthy, la influencia artística de los tebeos de E.C. continúa latente. Siguen siendo objeto de estudio y pasto de coleccionistas. Auténticos maestros de lo macabro fueron apadrinados por la editorial, cuya historia vertebra un ensayo de cabecera de notable interés, ‘Cuando los tebeos eran peligrosos’, publicado por Es Pop en nuestra lengua. Su lectura ayuda a entender, por comparación, algunos momentos delicados que estamos viviendo últimamente. Su editor y traductor, Óscar Palmer, quita hierro a la situación actual: “La censura, como todo, ha evolucionado”, opina. “No es comparable la censura que sufríamos aquí durante la dictadura, que era preventiva y contaba con cuerpos gubernamentales creados de manera específica para implantarla y asegurar su cumplimiento, que la que pueda darse ahora, que salvo casos contados depende principalmente de la presión ejercida a posteriori por particulares indignados y empresas que rehúyen herir sensibilidades en pos del beneficio económico.

Irónicamente, este tipo de censura popular y económica es menos clara, más caprichosa y, por tanto, mucho más impredecible. De todos modos, el conflicto entre artista y opinión pública es parte consustancial de nuestra sociedad, nunca va a desaparecer. El verdadero problema es cuando se legisla en contra de las obras y sus creadores, y en ese sentido aún no estamos tan mal como en el pasado”. Crucemos los dedos, porque ‘Los pitufos negros’ ahora son morados y Tintín mejor que no viaje al Congo. “El contexto es imprescindible”, apunta Palmer. “Reeditar obras alterándolas para acomodarlas a criterios modernos me parece un ejercicio cínico. Condenarlas al olvido, una idiotez. Lo que hay que tener claro es que han dejado de ser productos de consumo popular creados para el público mayoritario de su tiempo y que por tanto no deberían seguir comercializándose como tales, algo que sólo responde al interés económico, cuando su verdadero interés a día de hoy es el histórico”.

‘Maus’ es una obra autobiográfica esencial en la historia del cómic. Spiegelman, descendiente de supervivientes de Auschwitz, ofrece su particular visión del Holocausto judío con animales antropomórficos como personajes. Sin concesiones a la lágrima fácil, con un estilo de dibujo tan simple como expresivo, el autor exprime el lenguaje del cómic a conciencia y utiliza con eficacia las posibilidades formales del medio en beneficio de una propuesta de impecable pulso narrativo. Premio Pulitzer en 1992, ha cumplido tres décadas en medio de un boicot que ha derivado en un subidón de ventas espectacular. Se disparó al número uno en el gigante Amazon y algunas librerías se ofrecieron para que los niños leyeran gratis la novela gráfica, además de recaudarse más de 80.000 dólares para dar copias gratuitas a estudiantes.

Sobre este tema sabe mucho el dibujante leonés M. A. Martín, que sufrió en sus propias carnes la prohibición de sus viñetas en Italia en 1995. La claridad de su trazo y el ambiente aséptico de sus ilustraciones chocan con la crudeza de las historias que desgrana este autor leonés, influenciado por Burroughs, Ballard, la música electrónica y las nuevas tecnologías. Las viñetas de ‘Psychopathia Sexualis’, el trabajo que le dio a conocer, están empapadas de sexo, sangre y vísceras. Salió airoso de las denuncias pero “a día de hoy todavía hay librerías que se niegan a vender mis cómics”. ¿Estamos volviendo a la censura de tiempos pasados? “Sin duda”, contesta. “Es como si hubiera ciclos de puritanismo. La época victoriana, los años 50, ahora esto”.

“a día de hoy todavía hay librerías que se niegan a vender mis cómics”.
M.A. Martín

No es de dominio público que el cómic ‘Hitler SS’, del historietista francés Phillippe Vuillemin, sigue prohibido en España. Su humor negro no es para todos los públicos. “A mí la censura en Italia me vino muy bien”, relata M. A. Martín. “Agradezco cada vez que tengo oportunidad a la fiscalía de Cremona que me secuestraran el cómic. Fue una campaña de publicidad gratuita, pero no siempre es así. El caso de ‘Hitler SS’, no. Sigue prohibido y no supuso nada salvo un poco de ruido en su momento”. “Es un arma de doble filo”, puntualiza Palmer. “En un caso como el de ‘Maus’, donde la prohibición ha sido localizada y puntual, es evidente que ha contribuido a que la obra vuelva a estar en boca de todos, renueve su popularidad y experimente un pico de ventas. Sin embargo, qué otras obras no se estarán prohibiendo o retirando y no nos enteramos precisamente porque no son ‘Maus’ y no resultan tan ‘noticiables’. Además, la memoria del público es corta. ¿Qué pasó, por ejemplo, con la polémica de las versiones censuradas de clásicos como ‘Las aventuras de Tom Sawyer’? ¿Alguien se acuerda?”.

Haw!

“Lo que está sucediendo es que se está permitiendo que se censure en ámbitos públicos, de forma puntual, y eso abre una puerta y puede hacer que comencemos a asimilarlo”, denuncia el divulgador Ricardo Mena, también editor con su propio sello. “Se merece un debate. Parece que lo tenemos lejos, pero la Ley Mordaza, si se lee a fondo, permite censurar de manera legal. En España se ha notado en la música, pero en cualquier momento podría aplicarse a cómics, cine y demás. Se merece un debate amplio y leyes que defiendan la libertad de expresión, siempre que no hagan apología o inciten al odio y la violencia”. Mena, máximo responsable del medio especializado Blog de Cómics, vivió cómo uno de los títulos de su catálogo fue ninguneado. “Publicamos un cómic llamado ‘Haw!’, de Iván Brunetti”, cuenta sobre su experiencia. “Era un cómic muy bestia, pero realmente hilarante y pronto me di cuenta de que no estaba llegando a las librerías. Cuando pregunté a unos grandes almacenes me dijeron que era la propia distribuidora la que no les había ofrecido el cómic. Es decir, la censura se puede aplicar en muchos puntos. En libros o cómics incluso desde imprentas, negándose a imprimir”. La cultura de la cancelación se abre paso como forma de protesta entre los usuarios de Internet. La repudia total a una persona, organización o empresa, por un supuesto comportamiento inaceptable, se extiende principalmente a través de la redes sociales. No hay lugar para la ironía. Toda obra que se mueve en el filo es susceptible de entenderse al revés. Malos tiempos para la sátira.

“Lo que está sucediendo es que se está permitiendo que se censure en ámbitos públicos, de forma puntual, y eso abre una puerta y puede hacer que comencemos a asimilarlo”
Ricardo mena

En 2019 el Consejo Escolar de Providence, que aúna a una treintena de escuelas católicas de primaria, apoyó la iniciativa de quemar numerosos libros que se retiraron de las bibliotecas, un total de 4.716 ejemplares, entre los cuales se encontraban ejemplares de ‘Astérix’ o ‘Tntín’. “La censura retroactiva es un temazo”, añade al respecto Mena. “Precisamente el contexto es lo que vale. Esos cómics se podrían utilizar para enseñar como eran las cosas antes y cómo son ahora. Las obras sin contexto no se entienden. Ahora tenemos que leer en obras de Tezuka o de Will Eisner, auténticos maestros del cómic, textos pidiendo perdón y explicando que algunas cosas son fruto de una época. Eso, dentro de lo que cabe, me parece bien, porque no censura, simplemente informa y explica. Pero tener que explicar eso dice muy poco del lector y nuestra educación a día de hoy”.

A Irene Márquez, autora emergente habitual en las páginas del semanario ‘El Jueves’, le denunció un conocido youtuber, cuyo nombre prefiere no citar, porque se sintió insultado por un chiste gráfico de su cosecha que protagonizaba. La responsable de ‘Eso no está bien’ (Autsaider Comics) se las vio en los tribunales con sus ácidas viñetas, empapadas de humor negro,. “Esto pasa por estar más pendientes de lo anecdótico que de lo verdaderamente esencial”, puntualiza. “Hay veces que este tipo de denuncias ponen de manifiesto lo enferma que está la persona que mira, que ve cosas perversas y censurables por todas partes, como es el caso de ‘Maus’”. No tiene claro que la polémica te pueda beneficiar: “Puedes hacerte muy conocido, pero también perder ciertos trabajos al mismo tiempo”. ¿Cómo puede evolucionar este tema? “Cada vez cansa más”, responde. “Hay un sector de gente muy sensibilizada que se escandaliza constantemente por la censura, postcensura, cibercensura y todos los tipos de ‘represión’ que llegan a sus oídos. Pero creo que hay mucha gente que está aburrida del tema, la mayoría”. Martín piensa que “irá a peor, alcanzará un techo y pasará, como ha ocurrido otras veces. ¡Espero!”.

Maus

A David Rubín, que leyó ‘Maus’ con 16 años, en su primera edición española en 1989, que comprendía sólo la mitad de la obra, le preocupa “cómo puede llegar a afectar esa situación al sector creativo, a los artistas, escritores, cineastas… Que se instale la autocensura en los propios creadores y que modifiquen su trabajo debido al miedo a posibles ofensas y censuras, modificando o suavicen sus obras para evitar eso, y estas terminen siendo un quiero y no puedo. Obras que nacen mutiladas antes siquiera de llegar al público. Contenido asumible y blandito, olvidable y poco relevante, arte que se concibe desde el miedo en vez de desde el reto y la valentía, obras que nacen muertas”. El responsable de las páginas de ‘Beowulf’ o ‘El héroe’ tuvo que borrar una pistola de una portada de ‘Robocop’ que preparaba para el mercado estadunidense. “Uno de los episodios coincidió con un terrible tiroteo que fue tristemente célebre allí y, a causa de ello, me pidieron que eliminara la pistola de la mano del conocido personaje. Si te fijas en cualquier publicidad o producto suyo, siempre sale con la pistola en la mano. Es como si decidieran quitarle el escudo al Capitán América por si alguien se ofende, por ello me parecía ridículo realizar tal cambio. Una sociedad madura no debería ofenderse por algo así, ni ningún chaval va a ponerse a disparar en el patio del colegio porque un policía robot lleve un arma en la mano en la portada de un tebeo. Es algo muy infantil e hipócrita, máxime viniendo de un país en dónde te puedes comprar armas en el hipermercado o te regalan una escopeta al pedir un crédito o domiciliar tu nómina en el banco”.

“Con ese tipo de políticas de la avestruz, que fomentan la censura y la ocultación en vez de la reflexión y el análisis, lo único que se consigue es mermar la capacidad de análisis de la sociedad, y fomentar creaciones cada vez más irrelevantes, más preocupadas por no ofender que por aportar algo”, subraya Rubín. “Cada vez el contexto está más infravalorado. Si sacas, por ejemplo, a un personaje machista o que reúna valores negativos en una obra, eso no convierte la obra en un ‘vehículo para el machismo, si no en un análisis o crítica del propio machismo a partir de un personaje que representa sus valores. Pero a día de hoy parece que interesa o se llega sólo una lectura sesgada, superficial e infantil de una obra: si el protagonista es machista, la obra lo es también. Cero capacidad de análisis, cero capacidad de contextualización, cero inteligencia en el consumidor igual a más proliferación de obras mediocres, sin arrojo creativo o argumental, más de lo mismo en forma de papilla artística”. La prohibición de la lectura de ‘Maus’ en el un plan de estudios de niños de 14 años, ya adolescentes, subraya una infantilización de la sociedad que parece imparable. “Ninguno de los tebeos que leía a esa edad estuvo nunca en un plan de estudios”, concluye Óscar Palmer, que ya devoraba por entonces ‘El Víbora’ y todas las revistas ochenteras de Toutain. “Y sin duda era parte de su encanto”.

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