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Portada de cómic 'El año en que fuimos reyes'.

“Para conseguir una revolución primero hay que imaginarla” Entrevista a Javier de Isusi.

Tras acabar la carrera de arquitectura, Javier de Isusi realizó un viaje por latinoamérica en el que decidió que dedicaría su vida a contar historias. En su último trabajo vuelve a los tiempos universitarios para imaginar un mundo en el que todas las revoluciones las ganaron los buenos. Acompañan a la entrevista los bocetos preliminares a la realización de la obra, cortesía del autor.

El año que fuimos reyes es una historia cuenta la historia de cuatro personajes que comparten sus locos años universitarios en una ciudad muy singular, Babilô. ¿Cómo nace la obra?

Es una historia que tiene múltiples nacimientos. Nace hace 25 años, cuando yo mismo era estudiante. Nunca me ha interesado el género autobiográfico y no sabía contar lo que quería sin caer en ello así que no la llevé a cabo.

Con el curso de los años surgió otra idea que también tenía que ver con unos estudiantes pero que ya no estaba relacionada con mis vivencias. Estaba relacionado con ese Mayo del 68 que a mí me hubiese gustado vivir. Mientras tanto, llegó el 15M y esa revolución que no ocurría sí que sucedió y encima de una manera más interesante que lo que yo quería contar y también se fue quedando atrás el planteamiento.

Después, fueron apareciendo nuevas historias que quería contar y no sabía cómo hasta que se me ocurrió darles forma con este proyecto. 

Creo que esas raíces tan largas se reflejan en las numerosas capas que tiene la obra. Tiene muchas cosas que se me han ido ocurriendo a lo largo de los años.

Dibujo de un puente colgante con arcos monumentales.
Jugando con las líneas temporales, el autor especula cómo cambia la historia de las ciudades cuando lo hace su arquitectura

Babilô es un trasunto de Bilbao. La arquitectura también está muy presente en la obra. El referente más claro si hablamos de arquitectura y de ciudades que remitan a otras reales es el ciclo de las Ciudades Oscuras de Schuiten y especialmente Brüsel, su visión de su Bruselas natal.

Sé que existe ese cómic pero ni siquiera lo he leído. El año en que fuimos reyes nace de una búsqueda personal. Tiene más que ver con otros referentes más personales. Lo que me motivó a crear esta ciudad, Babilô, este otro Bilbao posible, es ponerme a imaginar cómo hubiese sido la ciudad si no se hubiesen derrumbado algunos edificios emblemáticos como los dos puentes colgantes del siglo XVIII. Además, mientras yo crecí en los años 80 y 90 se proyectaron multitud de propuestas para Bilbao que finalmente no se llevaban a cabo. Algunas eran totalmente megalómanas como el cubo de la Alhóndiga por ejemplo. Siempre me ha gustado imaginar cómo habría sido la ciudad si esos proyectos hubiesen existido. Todo parte a raíz de allí.

Dibujo de arquitectura urbana, edificios junto al río.
Recuerdos de un Bilbao soñado

Después de la reconversión industrial, antes de la llegada del Guggenheim, Bilbao era una ciudad fantasma.

Cuando me puse a hacer el libro me fui más atrás en el tiempo. En las guardas del libro vemos el fondo basado en un plano urbanístico que se hizo para Abando en el siglo XVIII que nunca se realizó. En Babilô se han construido algunos de esos proyectos y otros, como el Guggenheim, nunca se llevaron a cabo. A partir de allí puedo jugar todo lo que quiero.

Ya no es solo la ciudad, es una línea histórica paralela en el que, por ejemplo, en lugar de los romanos, fueron los etruscos los que conquistaron el Mediterráneo. O la Guerra civil norteamericana la ganaron los confederados, entonces son los Estados Confederados de América en lugar de los Estados Unidos. Reflexionando sobre por qué he tenido la necesidad de inventarme ese mundo he llegado a la conclusión de que, lo que he querido, en realidad, es contar el momento vital de unos jóvenes que acaban de dejar la adolescencia atrás. En ese momento de descubrir el mundo es habitual crear tus propios códigos con los amigos, crear “tu propio mundo”. A quien no comparte esos códigos inventados le cuesta un poco entrar y entender, pero una vez que los conoces y te sientes integrado en el grupo eso te da una sensación muy potente de sentirte en casa. Creo que en el libro he intentado eso, que aunque al principio cueste un poco entrar y entender algunas cuestiones, luego te envuelva y te haga querer quedarte ahí. 

Parece que vuelves a los sueños, ilusiones de tu propia época universitaria y sin embargo dedicas el libro a tu hijo.

Es que ha pasado una cosa muy bonita. Yo, como creador de historias, he visto como, alrededor, otros autores han hecho obras para bebés cuando sus hijos eran bebés, obras para niños cuando sus hijos eran niños… Yo eso nunca lo he hecho, pero aquí ha coincidido que mientras yo hacía un libro sobre unos jóvenes que empiezan la universidad y se van a vivir a un piso compartido, es justo eso lo que ha hecho mi hijo mayor. Me encantó la sincronía y me pareció lo suyo dedicárselo.

Ilustración de árbol frondoso con hojas amarillas.
Si Borges soñaba los cuentos que no se escribieron, Isusi nos habla de proyectos que nunca existieron.

Hay muchas ganas de descubrimientos, de cambios y de revoluciones que con el paso de los años se van quedando por el camino.

Sí, es lo que te decía de ese proyecto en el que miraba a Mayo del 68, una nostalgia por algo no vivido. Es una época en la que, a la vez que sucedía Mayo del 68 se desarrollaba la revolución de los claveles de Portugal. En aquel momento se veían los cambios con mucha esperanza, con una sensación de que el mundo podía cambiar a mejor. Ahora en cambio todas las películas que aventuran el futuro son distopías en las que todo va a peor, llega el apocalipsis, los zombis… parece que las cosas solo pueden empeorar.

Quería recuperar ese espíritu de una revolución que nos lleve a algo mejor, no a algo peor; pero para hacer una revolución que nos lleve a algo mejor primero habrá que imaginarla.

Ilustración de torres gemelas y texto explicativo.
La arquitectura es un personaje más de la historia en el libro.

Antes de dedicarte al cómic estudiaste arquitectura. Probablemente sea en este trabajo en el que se convierta en protagonista de la obra.

Totalmente. Siempre he considerado que la arquitectura está presente en todo mi trabajo, pero no de una manera muy evidente. La manera en la que concibo las historias es muy arquitectónica. El modo en el que concibo las historias es similar a cómo desarrollaría un edificio. Para mí es muy importante la estructura narrativa, que todo lo que esté en el libro tenga un sentido. En este caso el urbanismo sí que es un personaje más, tiene mucho peso y es mi pequeño homenaje a la arquitectura.

Entrada a parque con estatuas, otoño
En la obra, Isusi recrea el ímpetu de los años universitarios.

Relacionado con la arquitectura descubrimos el esquinismo, un término que nace en un relato de Laia Jufresa a la que incluso incluyes como personaje.

Dentro de ese juego de inventar todo quería introducir una carrera artística. Arquitectura me parecía muy autoreferencial y no conozco muy bien la carrera de Bellas Artes así que opté por inventarme una carrera.

Hace años leí el relato de Laia Jufresa El esquinista. Laia es una escritora maravillosa que conocí en el pueblo en el que vivo. En aquel entonces no había publicado nada aún. Nos mandó a mi esposa y a mí el relato del Esquinista para ver qué nos parecía y me encantó. El único pero que le puse era que se había equivocado con el final, le propuse uno alternativo y… ¡me dijo que tenía razón!

Es un relato que me emocionó y cuando se me ocurrió que estos chicos podían estudiar esquinismo me puse en contacto con ella. En lugar de hacer una referencia indirecta o cambiar cosas me parecía de justicia hacer mención al texto, pedirle permiso para usar frases del relato e incluirla a ella. En el libro sale como una de las profesoras. Hay un vínculo entre su relato y yo y mi libro y ella.

Esquinismo es un sistema en el que se buscan las formas que esconden las estructuras urbanas. Hay otro término, el contencionismo, que parece ofrecer ecos del mundo en el que vivimos.   

Me he puesto a imaginar y pensar que pudiera surgir otro concepto nuevo que no es ni el comunismo ni el capitalismo.

Hay cosas que consideramos inamovibles pero a lo largo del tiempo vemos momentos en los que el rumbo de los acontecimientos cambia. Me he puesto a imaginar qué hubiese pasado si, cuando cae el muro y desaparece el comunismo, hubiese otras personas al cargo en lugar de desalmados como Reagan o Thatcher y hubiesen hecho otras cosas.

En aquellos momentos ya existían las preocupaciones que hoy tenemos, el agotamiento de recursos que hoy vivimos. En 1972 ya se era consciente de ello, pero si hubiese habido otras personas con otra conciencia humana no sabemos qué hubiera sucedido.

Comentas que la obra tiene muchos inicios y muchas interrupciones. Un eje de tu trabajo son obras muy sociales que sueles hacer de la mano de asociaciones del tercer sector que van retrasando la aparición de esta obra.

La mitad de mis obras las he hecho motu propio y la otra mitad son encargos aunque los he hecho míos y los he disfrutado. Muchos de ellos están auspiciados por ONGS. Un cómic como este ha necesitado muchos años y se ha ido retrasando. 

Mientras iba dando forma a este libro se metieron en medio La divina comedia de Oscar Wilde, Transparentes, El mar recordará nuestros nombres y Todas las mañanas. Al final las historias buscan la manera de salir y no es necesariamente cuando yo he previsto.

Ilustraciones de personas en actividades cotidianas.
Bocetos de los personajes protagonistas.

En la historia hay cuatro personajes: Emma, Yul, Sam e Ignatz en la que vemos reflejadas todas las juventudes posibles formando un crisol de culturas.

Y como dices un crisol de personajes. Hay dos chicos y dos chicas. En los chicos hay un espejo muy grande. Yul es muy correcto, hace las cosas como se espera que hay que hacerlas. Ignatz es imprevisible.

En paralelo, en la obra se va contando poco a poco la historia de dos hermanos gemelos que son así, uno más impulsivo y otro más correcto. Bebe de Atarrabi y Mikelats, dos personajes de la mitología vasca y de tantos otros relatos de gemelos que hay en muchas culturas del mundo: Rómulo y Remo, Caín y Abel, Castor y Polux…

Además, están Emma y Yul con otros contrapuntos. Entre todos representan muchas situaciones que se crean entre los grupos de amigos. Los cuidados, el sentirse comprendidos… situaciones que he vivido con los amigos siempre.

Vemos una fiesta de disfraces con personajes del cómic que es toda una declaración de amor al medio.

Cuando hice la estructura de la historia no era una fiesta de disfraces, era solo una fiesta pero al hacer el guion se me ocurrió que los personajes fuesen disfrazados de personajes de cómic. Es una fiesta en la que me hubiese gustado estar. En mi grupo de amigos de aquella época yo era el único al que le gustaban los cómics.

Lo que hago ahí es divertirme aunque también me costó un montón porque yo mismo me impuse unas cuotas. Intenté que hubiese tantos personajes femeninos como masculinos aunque a veces ha sido complicado. Intenté también no poner solo superhéroes porque sería muy limitado, quería que hubiese un poco de todo, también manga y novela gráfica. Lo que me gustó mucho fue meter dos personajes muy conocidos en Bilbao. Uno es Don Celes. Su autor, Olmo, estuvo casi 76 años publicándolo diariamente. El otro es Miss Martiartu de Juan Carlos Eguillor, a quien rindo más de un homenaje en el cómic.

También hay homenajes a cómics que te han marcado como una campanilla del Peter Pan de Loisel o Corto Maltés, que es una sombra que no te abandona.

Son personajes más reconocibles. Mafalda, Tintín, Superlópez, Spirit… hago mi pequeño canon de historias indispensables.

En la obra recuperas también el espíritu de la pintura callejera estilo Banksy. 

Es algo que me gusta ver cuando voy a otras ciudades. En los años 80 Bilbao, como muchas otras ciudades, estaba lleno de graffitis; aunque no solían ser muy bonitos eran muy estimulantes. En el libro está ese espíritu de la pintura callejera que nunca he practicado, pero me ha generado muchísimo interés. 

Continúas con las acuarelas. Impera el amarillo en este caso.

He hecho un bitono en esta ocasión. La acuarela es el gris, y el amarillo se lo he metido con el ordenador porque pensaba que iba a ser más rápido. Luego he visto que no se tarda menos, pero estoy contento porque he conseguido el resultado que quería. Por un lado la acuarela con sus tonos grises tiene su propia vida, por otro el amarillo le da un punto más luminoso. La obra creo que está llena de luz y el amarillo es el color que mejor lo expresa.

Tus obras más extensas son también las más personales como la tetralogía de Los viajes de Juan Sin Tierra o La divina comedia de Oscar Wilde. La historia tiene más de 300 páginas. Entiendo que te habrá llevado un tiempo hacerlo.

Sí. Empecé a dibujarlo en 2022. Es cierto que en medio hice otro cómic, Todas las mañanas. Tiene sentido que las obras personales sean más largas porque al final haces lo que quieres y como quieres. Por lo general los encargos vienen asociados a unos plazos que suelen estar más cerrados y hay que atenerse a un número de páginas más determinado, pero a mí me gusta hacer historias largas.

¿Es el cierre de una etapa?

No lo creo, ¿por qué lo dices?

Igual por volver atrás después de todo lo recorrido.

No lo sé. Lo tendría que ver cuando lo acabe, pero no lo he hecho con esa intención, la verdad. Son cosas que quería contar y he usado elementos que tenía en la recámara. Cuando acabe el segundo tomo veré si es un final de etapa o la apertura de otra nueva.

En alguna entrevista decía Rubín que hacía cada parte del proceso entero: primero el guion, el lápiz y luego la tinta. ¿Cómo es en tu caso?

Primero hago la estructura, luego el guion. Después, en este caso, fui haciendo las páginas completas una a una. El lápiz de cada página está muy incompleto sin la acuarela y por eso las hice enteras de una vez, al menos la parte manual. La parte digital la fui haciendo por capítulos, incluso la maquetación, así podía ver el tempo que tenía la obra y cómo respiraba. Cuando hago obras de encargo es distinto, aboceto el cómic entero para poder enseñárselo al cliente; después calco cada página en papel de acuarela. En este caso lo he hecho directamente y me ahorro un paso, el del calcado, que al final son un montón de páginas.

El libro recibe la ayuda del Ministerio de 2023. Imagino que para hacer un libro de estas características es importante que existan esas ayudas.

Por supuesto. Cuando empecé el libro pensé que iba a hacer la historia sí o sí, con ayuda o sin ella, pero ha sido un proceso mucho más largo de lo esperado.

Imagino que la obra aspira a llegar a otros mercados.

Claro, de hecho, ya hay una editorial francesa que está interesada.

Primer tomo de dos.

En realidad, la historia está pensada en cuatro partes pero viendo la experiencia con Los viajes de Juan Sin tierra, creo que el público ya no tiene paciencia para tanto a menos que seas un superventas. Quise hacer todo en un solo tomo pero eran demasiadas páginas.

¿No harás un Zapico?

¿Hacer dos tomos que luego son tres… o cuatro? No, ja, ja, son dos. El guion está ya escrito y no cabe nada más.

Links de interés:

• Avance de varios capítulos de la obra:

Astiberri publicó por entregas la primera mitad del primer tomo de El año que fuimos Reyes en entregas digitales gratuitas en su web.

https://www.astiberri.com/products/el-ano-en-que-fuimos-reyes-primera-entrega

El esquinista, relato de Laia Jufresa al que hace referencia el autor: 

https://wordswithoutborders.org/read/article/2015-03/the-cornerist



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