“He dudado de si tenía derecho o no a publicar El viaje”. Kike Infame entrevista a Paco Roca
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Cuando le cancelan el vuelo a casa, Fran queda atrapado en la Patagonia. Un espacio en el que reflexiona sobre su vida y su separación. En “El viaje” Paco Roca realiza su trabajo más íntimo centrándose en las relaciones de pareja y qué sucede cuando el amor se acaba.
¿Qué es “El viaje”?
Es una reflexión sobre la separación, sobre la memoria sentimental y sobre el amor después del amor. A partir del personaje de Fran, que se queda colgado en un viaje a la Patagonia, se reflexiona sobre las relaciones estables de pareja a largo plazo que me parece que es uno de los asuntos a los que más tiempo dedica el ser humano a lo largo de su vida.
¿Cómo nace la obra?
El punto de partida es una experiencia personal. Tuve una separación hace años. No tuve intención de hacer una historia, pero sí tomé algunas notas porque nunca sabes cuándo te pueden venir bien esas cosas y escribir te ayuda a reflexionar sobre lo que ha ocurrido. Es doloroso, pero sabes que es efímero. Todo cambia, nuestros sentimientos, ese sufrimiento que parecía que va a durar siempre, se diluye y va dejando paso a otra cosa. El caso es que lo dejé congelado, pensando quizás en retomarlo más adelante o usarlo para alguna historia corta.
También me daba la sensación de que toda la gente con la que me muevo, de cuarenta o cincuenta años, estaban pasando por sensaciones similares: o habían roto su relación hace poco o lo iban a dejar o simplemente se preguntaban si la vida en pareja era lo mejor a lo que podían aspirar. Con todo eso sí que vi que podía hacer una historia.
Parte de mi historia personal pero no es autobiográfica. Es una mezcla de un montón de cosas. También de interacciones que he tenido a lo largo de la vida y de amigos que he tenido alrededor.

Para que funcione la ficción la ubicas en el fin del mundo. Un lugar de transición, in itinere, en el que el protagonista no sabe bien cuál es su camino.
El fin del mundo me parecía un buen lugar para situar una historia especialmente para los que hemos leído a Verne en la infancia. Yo creo que no hay lugar más recóndito en el mundo. El punto de inicio es una historia real. Me quedé colgado junto a Javitxu
(Javier Zalbidegoitia), el editor de Astiberri, en Argentina. Estábamos de gira en Uruguay y Argentina y en el último minuto nos cancelaron el vuelo y nos quedamos en Buenos Aires. En el hotel en el que nos ubicaron se creó una microburbuja de pasajeros que estaban esperando un nuevo destino. Pensé que era un buen arranque para una historia. Necesitaba que el protagonista estuviera desubicado pero Buenos Aires no era el mejor lugar para ello. Necesitaba un lugar mucho más solitario y que favoreciese más esa introspección y esa burbuja entre los pasajeros perdidos. Sin salir de Argentina, la Patagonia era un lugar perfecto para situar un lugar así. Todo el exterior es inhóspito, sobre todo fuera de temporada. El lugar perfecto para que el protagonista se pudiese enfocar en su interior.
Frente a otros trabajos tuyos hay un diálogo constante entre sus protagonistas que te permiten ir delante y detrás en el tiempo y explicar lo que necesitas contar.
La verdad es que era un reto narrativo. Ver como contar una historia en la que no sucede nada en cuanto a la acción de los protagonistas. Fran y Sonia están todo el tiempo sentados charlando. Es un reto en el mundo del cómic, quizás también en el del
cine. Estamos acostumbrados a ver gente haciendo cosas, pero si lo comparamos con la literatura no es tan extraño. La literatura tiene suficientes recursos para hacerlo atractivo pero el reto era ver si se podía hacer a través del cómic. Cada vez estamos
más acostumbrados a ver novelas gráficas en las que no es necesario que los personajes estén haciendo cosas como pasaba en Tintín, Spiderman o cualquier otro clásico. Cada vez nos interesa más conocer a personajes que sienten y piensan más allá de estar en continuo movimiento. Es un reto hacer que sea atractivo tanto en su estructura como en lo gráfico.

El material que utilizas para contar la historia da la sensación de ser muy cercano. Hay pequeños momentos como aquel en el que el protagonista cambia el contacto del móvil, quitando el AA antes del nombre de ella para que salga el primero y poniendo su nombre y apellido para que sea un número más.
Quería hablar de todo esto. No es la primera ruptura que tienes en tu vida ni probablemente sea la última. Sabes que todo es muy pasajero y que lo vas a superar. Es triste saber que la persona que fue tan importante en tu vida con el tiempo dejará
de serlo y habrá otra persona que ocupe ese lugar. Si bien no será una más ya no será la AA de nuestra agenda. Quería contar cómo es la disolución, como todo se va diluyendo como una pastilla efervescente sin que podamos hacer nada.
Contabas que fuiste apuntando tus propias experiencias y le da mucha sensación de verdad al relato.
Muchas veces no te das cuenta de como el autor puede sobre la persona. Los mecanismos de la historia se ponen a veces por encima de cualquier otra cosa como el pudor, el propio y el ajeno. Tienes derecho a incluir cualquier cosa que te rodea para
que funcione la narración. Te conviertes en una especie de vampiro, usando con impunidad la vida de lo que te rodea alrededor. En esta historia ha sucedido algo así. Cuando lo terminas te das cuenta de lo que has hecho y de lo que implica contar una
historia como ésta en la que acabas hablando de tu familia, tus hermanos, una relación que has tenido… Me ha pasado en otras obras como “La casa” pero en este libro es en el que más he dudado de si tenía derecho o no a publicar este cómic.
La materia prima de tu trabajo son las vivencias de la gente que te rodea. Has cimentado tu carrera en convertir lo tuyo, lo privado, en universal. No sé si hay muchos daños colaterales cuando eso sucede.
(Risas) Nunca he tenido problemas con nadie. La mayor parte de los personajes de mis historias, ya sea en “El invierno del dibujante”, “El abismo del olvido”, “Los surcos del azar”, “La casa”, “Regreso al Edén”… son personas reales que empleas para una narración. Hasta donde sé nadie se ha ofendido con ello, pero es cierto que expones mucho la vida de los demás. En “El viaje” hay gente implicada que se han quedado bloqueadas al verse dentro de la historia. No es lo mismo saberlo que verse dibujado dentro de una ficción que yo puedo controlar pero que ellos se encuentran ya hecha.
Me gusta recalcar que es una ficción. Cojo la realidad y la deformo para que se adecúe a lo que quiero contar y encajen en el puzle que estoy montando.
El protagonista hace un viaje que empieza en el rencor pero que adopta un cauce diferente.
Sí, pero es el cómic en el que menos respuestas da a nada. Hay varios viajes en el libro. El viaje biográfico, el viaje sentimental, pero no vemos lo que se llama el viaje del héroe, que toca fondo y va superando etapas hasta llegar a convertirse en héroe. El personaje más o menos acaba de la misma situación en la que estaba en el principio, en ese duelo. Quizás por lo que hablábamos al principio, todos sabemos que lo va a superar y que, con el tiempo, se reinventará y vivirá feliz y todo lo que ha ocurrido es lo que tenía que suceder y es positivo. Todos lo sabemos, pero me apetecía dejarlo en el mismo sitio que al principio, hundido. No es un libro de autoayuda ni de superación. Es un libro humano que todos hemos pasado. No tiene respuestas esta historia.

El libro está lleno de grandes frases, algunas terribles como “¿En qué momento cambiaste? Quizá cuando supe que tú no cambiarías”.
Uno de los grandes temas del libro es si son posibles o no las relaciones estables para toda la vida. Hubo una época en la que, por temas culturales, religiosos, por el poder del hombre sobre la mujer… se mantenían unas relaciones estables, pero eso cada vez es más complicado. Por una parte, tenemos este tipo de relaciones que son prácticas desde el principio de los tiempos. Es más práctico tener una familia viviendo en pareja que sin tener una pareja estable. Es evidente. Lo que nos funciona en la práctica entra
en conflicto con la naturaleza humana. La rutina nos mata, la pasión desaparece, el fundirnos en esa imagen de familia nos hacer perder parte de nuestra identidad. Vivimos a la sombra de otra persona, somos padres o la pareja, pero dejamos de ser nosotros mismos y tenemos que hacer sacrificios. Esto es un gran conflicto.
También es verdad que cada vez vivimos más en una sociedad individualista. Pensamos que necesitamos llegar a esa plenitud como personas y una relación de pareja a largo plazo parece que nos impide ese avance y todo depende de las recompensas que recibimos. Si las frustraciones son mayores que las recompensas, la pareja termina. Me parecía interesante que el protagonista reflexione sobre estos temas.
No estamos muy acostumbrados a que la conciliación y los cuidados se cuelen en los cómics. En tu caso eres el paradigma de que se puede vivir del cómic. Te has convertido en embajador del medio en todo el mundo. Entiendo que eso ha tenido un coste.
En cierta manera. Siempre pensé que la locura que empezó con “Arrugas” iba a ser algo pasajero. Que todo se iba a tranquilizar. De haber sabido que iba a ser la norma seguramente hubiese montado la vida de otra manera. Hubiese tenido un agente, a personas trabajando para mí, hubiese priorizado unas cosas sobre otras. Imagino que nos pasa a todos. Pensamos que todo se va a ir solucionando poco a poco y no tomas medidas.
Nunca pensé que tener éxito en los cómics y poder vivir de ello implicaría sacrificar una parte importante de tu vida como persona. Tienes muchos viajes que condicionan tu vida, a veces la gente te trata de una manera diferente, no paras de tener compromisos que te llevan a hacer cosas que no te apetecen y no te dejan tiempo para hacer las que quieres. No son cosas que haya buscado. Lo que me gusta es dibujar y contar mis historias. No voy a negar que me gusta el éxito que hay alrededor, pero hace que tu vida personal se vea afectada, claro.
Como en “La casa” o “Regreso al Edén” el libro es horizontal.
Me parece que para historias intimistas le va muy bien. Creo que tiene un tipo de lectura más cercana y se me ocurren recursos diferentes a la hora de afrontar la página. Como estamos más habituados al formato vertical, cuando utilizas el horizontal pruebas cosas diferentes. Si cambias la viñeta de orden se sigue entendiendo o no. Lo mismo les pasa a los lectores que dudan por donde seguir porque no tienen la misma soltura. Les estás descubriendo un nuevo camino para el ojo. A veces se lían, pero no pasa nada. He visto que en el formato horizontal se pueden hacer lecturas de página en las que da igual cómo lo leas. Puedes empezar a leer tres viñetas verticales a la izquierda y cuatro a la derecha que sucede otra cosa o puedes alternarlos. Es lo bueno del cómic.
Creo que el cómic es el único medio narrativo en el que el espacio y el tiempo suceden a la vez. Somos como el Dr. Manhattan viendo la realidad. El ojo en el cómic siempre hace trampas y nos vamos al final de la página o a alguna viñeta que nos llama la atención. Eso supone un cambio en el espacio y tiempo. La lectura en el cómic es algo mágico y en el formato horizontal el juego es más divertido.

Comentábamos que en tu obra se va traspasando tu vida. No sé hasta qué punto hay una generación de lectores y lectoras que también se enamoraron cuando hacías “Memorias de un hombre en pijama”, que con “La casa” o “Regreso al Edén” perdieron a sus padres, que con “El viaje” se estaban divorciando y se identifican con tu obra y te ven ya como parte de su familia.
Puede ser. A veces pienso que te expones mucho y es cierto que son territorios en los que antes el cómic no entraba. Durante gran parte de la historia del cómic el autor quedaba a la sombra de los personajes y de la trama. Se filtrarían cachos de su vida, pero leyéndolos es complicado que la conocieses. Ahora tenemos una libertad para tocar cualquier tema y en eso nos parecemos más en la literatura y es un terreno común con la gente.
Lo que hay que evitar es hablar desde un púlpito, pensando que tus experiencias son mejores que las de nadie. Eso es un gran error. Las historias cotidianas hay que contarlas de tú a tú. Todo lo que te va ocurriendo se puede narrar. Son temas, además, que me llevan a una experimentación narrativa que otras historias no me llevarían. “El tesoro del Cisne negro” o “Los surcos del azar” te llevan a otro tipo de experimentación más gráfica pero cuando hablas de emociones, de gente que dialoga, tienes que buscar otras estructuras, otra manera de enfrentarte a la página o a la viñeta incluso. Tienes que buscar otro tipo de soluciones para que no sea aburrido.
Hace años sacó Manel Fontdevila su “Manual para padres inexpertos”, regalo obligado para los padres primerizos. No sé si es “El viaje” un regalo para las despedidas de casados.
No sabría decirte. Como hablábamos antes, no es un libro de autoayuda. Es un libro que reflexiona sobre las relaciones de pareja y si sirviese para algo me gustaría pensar que podría ayudar a las parejas en crisis como una terapia a reflexionar sobre el
momento en el que están y qué pasará cuando todo se deconstruya. Si vale la pena luchar por ello o no.
También es una disculpa a los hijos que suelen ser el daño colateral de las separaciones. Las parejas se reinventan, vuelven a tener relaciones, siempre más felices que las que tenían en su momento, pero para los hijos les suele cambiar la vida con una ruptura y no siempre para mejor. Es una disculpa a los hijos.
Tu obra se ha trasladado a otros formatos. No cuesta imaginarse “El viaje” como una película.
De hecho, ya hay un proyecto de película. Aún no se puede contar mucho. Si todo va bien tendría una gran directora, grandes actores y guionistas. Como en “La casa”, es una historia que no tiene grandes dramas detrás. Es una película de emociones, pero muy contenidas y normales. Es muy complicada de llevar al cine porque necesita un mayor drama y movimiento que el que suele haber en una película. Es su reto, pero espero que lo saquen adelante como lo hizo Álex Montoya en “La casa”.

En los últimos tiempos Astiberri ha sacado un sello reivindicando el trabajo de humanos para humanos. Desde Fadip, desde las asociaciones, llevamos años reivindicando un ecosistema cultural sin Inteligencia Artificial Generativa. En el momento de salir el libro, casi hablas más de un cartel que te han plagiado que el propio libro.
Hay dos cosas. Por una parte, está el plagio. Han usado la IA, pero podían haberlo hecho de una manera artesanal. También es cierto que cuando haces un cartel para un ayuntamiento firmas un contrato indicando que estás haciendo un trabajo original y
que no estás plagiando a nadie. El problema está cuando todo se ha perdido. Los clientes no tienen presupuesto ni respeto por nada y acaban trabajando con IA y, en muchos casos, su propio departamento de comunicación o gente no profesional acaban llevando a cabo el trabajo. Hemos perdido ese respeto y la seguridad de trabajar con un profesional de verdad. No va a hacer un plagio de una manera muy evidente al menos. Probablemente el prompt que le hayan puesto a la Inteligencia Artificial sea hazme un cartel similar que este y ya hay una intención de plagio.
Esto también muestra cómo trabaja la IA, en este caso es muy evidente el plagio, pero en otras ocasiones se diluye y puede tener el estilo gráfico de un estudio de animación. No hay ningún respeto ni ningún control. ¿A quién responsabilizas? El ayuntamiento
debería pedir responsabilidad a quién lo ha hecho, pero si no hay un contrato ni nada y es todo tan precario…
Me gustaría que al menos lo que ha sucedido sirva para poner el foco en este tipo de problema y que les meta un poco de miedo a ayuntamientos y clientes que encargan cosas con IA y les saque los colores.
Frente al desinterés de las instituciones cada vez es mayor la respuesta del sector artístico para denunciar estas situaciones.
Me ha sorprendido muchísimo. Yo lo colgué porque era tan evidente que hasta me daba risa. Coincidían hasta los personajes, pero dibujados con ese aspecto tan anodino que tienen las cosas dibujadas con IA. Lo colgué y fueron brutales las muestras de
solidaridad. La gente contaba su historia a partir de esto.
Mi caso es muy diferente a otros. El cartel es un plagio evidente a otro trabajo que yo ya he hecho. Nunca me hubieran encargado hacer el cartel de modo que no me ha perjudicado directamente pero sí hay casos de gente a la que plagian los carteles y los
usan para hacer merchandising que se vende en los mismos sitios por un coste inferior aprovechando el trabajo de otra gente que ya lo ha hecho. Es tremendo y te puede quitar el trabajo y acabar con tu negocio.
En mi caso, pertenezco a una sociedad como VEGAP. En otros casos, pertenecer a las Asociaciones Profesionales como las de Valencia, Madrid, Cataluña, Euskadi… te da fuerza. En cuanto sucedió esto VEGAP se ofreció a lo que hiciese falta, la APIV también.
Estar asociado es una forma de tener fuerza ante estas situaciones.
¿Proyectos?
Tengo otro proyecto en el que llevo un tiempo trabajando con Rodrigo. Después de “El abismo del olvido” queríamos volver a juntar periodismo y cómic en una historia muy interesante. Estamos aún en la fase de documentación que me parece una de las más bonitas.
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infameandco@gmail.com
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