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Kike Infame entrevista a Rayco Pulido.

Rayco Pulido ganó el Premio Nacional de Cómic en 2017 con Lamia (Astiberri). Una década después, el autor presenta su nueva obra, “Saquen sus muertos”. Un trabajo con tintes pandémicos que nos muestra en toda su crudeza la reacción del género humano frente a las situaciones límites. Con el autor hablamos de la obra y de la situación del mundo del cómic a nivel estatal y en su Canarias natal.

Entrevista realizada el 9 de mayo en Bilbao y posteriormente revisada y ampliada por el autor.

¿Qué es “Saquen sus muertos”?

Un tebeo de 96 páginas que adapta una novela de 1971, Verano de Juan “el chino”, de Claudio de la Torre Millares. Es una novela atemporal y contemporánea que habla sobre la condición humana en un entorno de crisis. Está inspirada en un evento que tuvo lugar en Gran Canaria el verano de 1851, aunque el autor nunca la ubica en tiempo o lugar, simplemente habla de una “isla atlántica” e inventa los nombres de cada pueblo, calle y plaza. Del evento real sólo le interesan algunos ingredientes para armar su historia: un espacio cerrado como es una isla, una crisis y la reacción de las personas ante esta situación.

¿Cómo surge la obra?

El libro cayó en mis manos en 2019, antes de la pandemia y tras la primera lectura tuve claro que intentaría hacer algo con esa historia. En ese momento estaba terminando “Ida y vuelta”, un encargo de recorrido autonómico, la biografía de un personaje clave de la Ilustración Canaria, José Viera y Clavijo. El guion de ese tebeo me dejó exhausto por la cantidad de documentación y lectura que supuso armar su biografía, con tanta obra publicada, tanto viaje, intereses y correspondencia. Mientras terminaba ese libro tuve claro que mi siguiente proyecto sería una adaptación para liberarme de la carga argumental y centrarme en la narración y el dibujo. Yo no me considero un contador de historias natural, me cuesta mucho escribir, no tengo método ni fórmula y tiendo a desconfiar de todo lo que escribo. Tengo controlado el cómo, creo que soy un buen narrador, pero no controlo tanto el qué, nunca sé si lo que escribo tiene interés y arrastro esa inseguridad durante todo el proceso, que dura de media unos tres años y eso lo complica todo.

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El cómic adapta la novela “Verano de Juan el Chino” de Claudio de la Torre

Pensando en adaptar pregunté a un amigo bibliotecario que controla bastante sobre literatura canaria y me pasó una lista. El primer título fue “Verano de Juan el Chino”, me alucinó que fuera tan desconocido, más cuando indagué sobre la trayectoria de su autor. No me hizo falta leer muchas más obras, este libro era justo lo que buscaba, por forma, contenido y rescate de esa obra. Forma: primero por extensión (poco más de cien páginas), apenas hay voz del narrador ni monólogo interior de los personajes, casi todo se desarrolla a partir de acción y diálogo, la escritura es visual. Desde el punto de vista del contenido en la trama suceden muchas cosas, son varias novelas en una; es rural, urbana, hay un viaje, romance y una visión pesimista sobre la condición humana, la crítica social lo impregna todo. Además, es una obra desconocida de un autor al que se debe rescatar de un olvido injusto e injustificable. “Verano…” es su última obra, que terminó ya enfermo a dos años de fallecer. Claudio de la Torre, que en sus inicios tiene un estilo literario decimonónico, su paso por el cine durante una década (1932-43) cambia su manera de escribir, mucho más visual y directa. Este Verano de Juan “el chino”, es casi un tratamiento de guion, lo que facilitó la traducción al lenguaje de cómic.

Lo primero que llama la atención son los paralelismos con la pandemia de Covid de 2020.

Es que la condición humana es atemporal, ante el peligro siempre nos comportamos igual, por eso todas las crisis se parecen. Lo vimos hace poco con la crisis del barco Hondius en Tenerife, en la que se retrató todo el mundo. También lo vimos con la Covid19; del aplauso al acoso a los sanitarios, vecinos denunciando a vecinos, ancianos que mueren atrapados en residencias porque no hay camas en una sanidad privatizada, el lucro de los usureros con contactos, comunidades que se saltan las normas o las aplican de manera sospechosamente laxa y lo llaman libertad (¿?), peleas por papel higiénico en supermercados, etc. Lo peor no es el virus, somos las personas y esa visión misantrópica pero realista atraviesa este libro, lo que tiene poso, pero reconozco deja bastante frio al lector.

En este libro, como en “El señor de las moscas” o “The Walking dead”, el autor nos pone frente al espejo de la reacción de las personas cuando caen los condicionamientos sociales que impiden que los bajos instintos se desarrollen.

Eso es. Las dos mejores maneras de descubrir nuestra naturaleza como individuos es darnos poder o poner en peligro nuestra supervivencia o la de nuestra familia. En la capital de esta “isla atlántica” se concentra la mortandad y lo primero que sucede es que los que pueden se van al interior antes de que se acordone por poblaciones, dejando la ciudad en manos de los desposeídos. Sin autoridades que mantengan el orden unos pocos mantienen la compostura, pero la gran masa se descontrola presa del miedo.

El libro está protagonizado por Juan “El Chino” que recorre todos los caminos, desde la clase alta hasta la más baja.

Juan es un desheredado, sin tierras, sin familia, sin apellido, puro presente, vive al día, un vagabundo. Por otro lado, tiene un sentido ético muy fuerte, su moral no es cristiana sino de la calle, un idealista, romántico en el sentido revolucionario porque la vida es buena para pocos e injusta con muchos. Sabe lo que está bien y lo que está mal, protege al desfavorecido, cuida al enfermo, habla con los que nadie quiere tratar. Es rápido de mente y no rehúye la violencia si es necesaria.

En esta ciudad cobra especial importancia porque está vivo y se expone, el virus parece no quererle y se ocupa de llevar la carreta de muertos y al grito de “¡Saquen sus muertos!” que abre la novela original.

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Aquí no se muere nadie.

Tiene una especial relación con Isabel. En el libro vemos como la pandemia iguala a las personas, aunque cada una siga al final en su lado de la escalera.

Las clases sociales se reducen a dos: la de los vivos y la de los muertos. Por clase, Isabel no debería estar en la ciudad, pero el cólera se mueve rápido y queda atrapada.

Hace poco me comentaba la nieta del escritor que en su primera lectura adolescente el tema de la novela es esa relación, pero que en lecturas adultas comprendió que todo es una excusa para hacer una crítica social lacerante. También comentó que mi versión aporta algo que no está en la novela, o al menos no de manera tan cruda, el enfoque sobre el escenario, la recreación ambiental: hay más presencia de enfermedad, la suciedad, el hambre, el calor. Esas moscas que representan la muerte y casi aportan olor a la lectura.

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La jauría humana.

Frente a los protagonistas que hemos hablado, el pueblo se presenta como una turba. Prácticamente sombras que pierden sus identidades.

Fuera de las escenas clave, que requieren más personajes, en general aparece poca gente, viudas y plañideras, procesiones improvisadas, niños cazando ratas, grupos de familiares o enfermos frente a un hospital saturado, todo eso es parte de la ambientación. Luego los tres momentos con grupos de hombres son escenas de linchamiento, la masa atemorizada actúa como jauría. En general, es un libro de páramos, calles vacías, huertos sin atender, puertas abiertas o reventadas.

En el libro hay mucha crítica social imperecedera. Una reflexión que nos deja el libro es que ninguna buena acción queda sin castigo. Al final los pobres seguirán siendo pobres y los ricos, ricos.

Siempre es igual, cuando las crisis pasan volvemos a como estábamos o peor y generalmente el peso recae sobre los mismos hombros. Claudio pertenecía a la aristocracia canaria, no hay más que ver sus apellidos, sin embargo, en este último libro es muy crítico con la sociedad isleña. En el capítulo 12, “Los faltos de ánimo”, los protagonistas pasean por calles vacías e Isabel señala casas y nombra los apellidos ilustres de los dueños, combinaciones de apellidos de la alta aristocracia canaria que aporté yo, apellidos que estaban entonces, ahora y seguirán de por vida porque son algunos de los que controlan el juego y tienden a relacionarse y mezclarse entre sí. Cuanto más pequeño es el sitio, más estratificado está.

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Al final del libro los pobres seguirán siendo pobres y los ricos, ricos.

Hay males endémicos como el odio a los migrantes. En el libro la comunidad china, ocupada de trasladar a los muertos, viven como el pobre dirige su frustración al más pobre que él.

Canarias es una tierra de mezcolanza, tenemos varios apellidos derivados de apellidos franceses e ingleses, también muchas palabras derivadas fonéticamente como el cuchillo típico que es el naife (de knife) o la variedad de papas kinegua (de los sacos de papas de importación King Edward). Estamos muy acostumbrados a recibir inmigración, también somos tierra de migrantes, pero eso se nos ha olvidado, hoy estamos en el mismo punto que cualquier otra comunidad (o peor) en cuanto a racismo y aporafobia, los medios y el algoritmo nos lo mete en vena y gran parte de la población se traga ese discurso porque es simple, visceral y funciona: la culpa de que seas pobre es de otro pobre, son los culpables de que no tengas acceso a la vivienda, que necesites una alarma, que pagues sanidad privada, etc. Para buscar las causas no se mira para arriba, las decisiones políticas, la inmigración rica o las VV, no puedes alquilar por culpa de la vivienda vacacional pero tu máxima aspiración es comprar un par de pisos y vivir de las rentas. Es un fracaso (o un éxito) de la educación, no hay capacidad para tener una visión de conjunto o una mirada crítica. Una gran masa pobre desclasada, que se cree clase media y esperan a que mueran sus padres para heredar un piso. Esa gran masa trabajadora alienada y frustrada que vota lo mismo que su jefe y no ven el disparate, o peor, que perciben alguna ayuda y vota a quien la eliminará.

Canarias está muy presente en tu obra. Acabas de acabar un libro, “Ida y vuelta” que, a pesar del esfuerzo, no acaba de salir del ámbito más autonómico.

Que hable de Canarias tiene que ver con que vivo aquí. No soy nacionalista, aunque reivindico que tenemos un patrimonio cultural que hay que proteger y compartir, pero más allá de eso no me considero mejor que nadie. Soy bastante crítico con algunas manifestaciones de canariedad, me considero progresista y canario, no un nacionalista progresista, muchos de esos anteponen lo primero a lo segundo.

En “Ida y vuelta” presento a Viera y Clavijo, el protagonista, de una manera que no es la habitual. En Canarias es un personaje canonizado, intocable porque realmente su obra explica el desarrollo cultural, económico e incluso ecológico de las islas, pero al leer la correspondencia entiendes su personalidad. El hecho de que hiciera una copia de cada carta que escribía permite seguir el hilo, ida y vuelta, además nos da una pista sobre su ego, aspiraba a trascender. En su correspondencia se muestra a alguien inteligente, irónico, al que le gustaba vivir bien y que sabía moverse entre la élite pese a no proceder de ella, gustaba de un buen vino y un buen chisme, tenía un humor fino y corrosivo. El libro se titula Ida y vuelta porque consigue ser preceptor del hijo del IX Marqués de Santa Cruz de Mudela, amigo de Carlos III (El ilustrado) y consejero de Carlos IV. Como tutor de su heredero, Viera recorre Europa acumulando conocimiento que trae a una Canarias semianalfabeta.

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Historias de una isla.

Canarias está también en “Sin Título (2008-2011)”, una historia sobre una patrulla de costas de la guardia civil, hay corrupción, racismo y muerte, como telón de fondo el asunto de la inmigración africana que llega por mar.

En “Nela” adapto a Galdós, vuelta a Canarias. En “Lamia”, aunque transcurre en Barcelona, Canarias aparece como un sueño lejano y al final acaba en Gran Canaria. Además, hay un personaje clave para la trama, Braulio, que es canario y le di el nombre de uno de nuestros cantantes melódicos más ilustres.

En conclusión, que diría chatGPT, el territorio está muy presente en mi obra.

Con “Lamia” ganas el premio nacional. Han pasado diez años desde entonces.

Afortunadamente ese Premio viene trufado de encargos, así que durante los dos o tres primeros años hice bastantes carteles, historias cortas para entidades públicas, mucho viaje, conferencias, talleres, etc. Oportunidades que antes no llegaban, remuneradas correctamente.

Después, hacia 2018 me enfrasqué en “Ida y vuelta” que es un encargo en el que intuyo hubo una buena subvención detrás, aunque este último punto es presunto, no lo tengo del todo claro. Le dediqué dos años, el libro apenas tuvo promoción y distribución, diría que la parte comercial no es de interés para esa editorial, lo que me lleva a la intuición que antes comentaba.

Luego me saqué unas oposiciones, tuve una hija… en estos diez años han pasado muchas cosas, lo raro es que tenga un libro nuevo.

¿Cuánto tiempo tardas en producir el libro?

Como te decía, en 2019 leí por primera vez la novela, pero no fue hasta 2023 que monté una presentación para empezar a moverlo por entidades públicas en busca de ayuda. Mi idea era presentarlo a las instituciones en Canarias, tenía sentido por el contenido del libro y su autor, de manera indirecta el libro habla sobre Gran Canaria, especialmente la capital, así que la opción más obvia fue el Ayuntamiento de Las Palmas. Cuando adaptas el argumento no te pertenece, así que todo el dinero que percibirás se reduce a las ventas del libro, no hay posibilidad de mover derechos audiovisuales. Sin apoyo económico por parte de alguna entidad pública o privada adaptar es un negocio ruinoso. Vamos a los números, para que el lector se haga una idea: de media el autor percibe un 8-10% del pvp menos impuestos, un libro que funciona (funcionar significa que cubre los costes para el editor y le genera algo) vende 2.000 ejemplares, por cada SSM vendido percibo 1.8 euros, eso supondría 3.600 euros menos impuestos. Si el libro fuera un éxito venderá 4.000-5.000 ejemplares, generando 7.000-8.000 euros. Me lleva de media entre dos y tres años hacer un tebeo porque tengo otro oficio, si me dedicase exclusivamente a esto podría producir un libro al año. Evidentemente como oficio es inviable, salvo un par de autores de mucho éxito, el resto trabaja para editoriales extranjeras o hacen muchas cosas a la vez, ilustración, diseño gráfico, talleres, publicidad, animación etc, lo que atomiza la atención y eso inevitablemente afecta a la calidad del trabajo . El tebeo nacional es un asunto de jóvenes, dos libros y a otra cosa, todo depende de lo que dure el “entusiasmo”, que diría Remedios Zafra. Cuánto talento desperdiciado. Afortunadamente algunos/as autores interesantes de mi generación y posteriores siguen produciendo a cuenta gotas, algunos/as somos profes, otros autoeditan en formato fanzine. Lo que no verás es a un editor/a viviendo con sus padres o en una habitación realquilada, pero vamos, que nadie engaña a nadie, los/as autores somos conscientes de dónde nos metemos, yo siempre he tenido las condiciones claras y sé a cuánto me pagan la hora.

Volviendo de SSM, moví ese proyecto por varias instituciones canarias, el ayuntamiento de Las Palmas estuvo interesado, hubo contrato verbal con el político de turno (a falta de que los técnicos resolvieran) y con esa promesa me dirigí a Astiberri para que lo editase. Firmé el contrato con la editorial y poco después el ayuntamiento se desvinculó, me dejaron tirado. “Afortunadamente” soy tan lento produciendo que retraso a retraso apareció la opción de solicitar la ayuda a la creación de cómic que el Ministerio de Cultura convocaba por primera vez, lo que volvió a dar sentido al proyecto desde un punto de vista económico. Tengo bastante fe puesta en esa ayuda, será un vivero para autores/as jóvenes pero también servirá para rescatar proyectos de autores/as interesantes que ya se habían alejado del medio.

Entiendo que acudes a Astiberri para que el libro tenga una buena distribución y llegue a su público final, algo que a las instituciones les cuesta conseguir.

Dicho lo anterior sobre lo que supone hacer un tebeo en términos económicos, creo que Astiberri es la mejor opción editorial. El trato humano es excelente, son transparentes con respecto a las ventas, apuestan fuerte por la promoción (mover a un autor canario es especialmente caro), venden muchos derechos al extranjero, asisten a todas las ferias y están abiertos a hablar de algunos aspectos del contrato, lo que no es lo habitual. Son gente seria y cercana a la que realmente les gusta el cómic, este último punto parece de perogrullo pero créeme, no lo es. Me alegré mucho de que les dieran el Premio Nacional 2026 a la labor editorial.

Luego las condiciones del trato son las que son, un porcentaje que tú aceptas y más allá de eso no tengo mucho que decir. La precariedad del autor/a tiene que ver con el volumen de ventas y cómo funciona el sistema, tres comen con cuchara grande, editor, distribuidor y librero, al autor le toca la cucharilla de postre, pero la cuenta se paga a escote. Sin nosotros no hay producto, como sucede en agricultura pero “es el mercado, amigo” que diría Rato. Aceptado eso, tenemos derecho al pataleo, pero poco más. Yo prefiero 4.000 lectores que 400 en autoedición porque priorizo que se lea mi obra a todo lo demás, los garbanzos ya los gano por otro lado. Eso sí, no descarto autoeditar algún libro o fanzine para tener la experiencia completa, pero a mí lo que me gusta es hacer tebeos, no preocuparme por imprenta, distribución, promoción, devoluciones, etc. Yo quiero sentarme ante el tablero, encender el flexo, poner música y centrarme en qué cuento y cómo, es una evasión casi infantil, lo reconozco, pero me puedo permitir esta ruina.

Entiendo que ayudas como las del Ministerio son cada vez más necesarias.

Creo que es la labor del Ministerio de Cultura, ayudar a crear el tejido adecuado para que al algún momento se pueda construir una industria o, en el peor de los casos, fomentar la creación de obra relevante desde un punto de vista cultural, crear patrimonio. Hay muchas cosas que mejorar en las bases, en la segunda edición han tocado algunas, supongo que poco a poco se irán afinando, pero más que flecos yo miraría al objetivo: si todo pivota en torno a la calidad del proyecto, sería necesario dar más peso al proyecto en sí y menos a aspectos burocráticos, más espacio para argumento, bocetos y páginas para que el comité evaluador pueda formarse una opinión, también deberían pensar en un equipo evaluador sólido, formado por varios autores/as de peso para que sean voto decisivo y remunerarles debidamente por su tiempo.

Es el caso de Kiko da Silva, que quedó eliminado por enseñar en redes parte de su trabajo.

Y no fue el único, sigo tu hilo y pongo nombre y apellido: el proyecto de David Muñoz y Tirso Cons que estaba en la lista provisional se cayó por lo mismo y se rumorea que la denuncia/reclamación vino de otro autor. Eso pasa cuando aparece un pastel a repartir, se saca el cuchillo y se termina el famoso “buen rollo comiquero”.

Si entendí bien, el texto para las bases se adaptó de las ayudas a la literatura y ahí tiene sentido porque algunos autores/as pre-publican capítulos. El cómic es distinto, nadie ha leído nada del trabajo de Kiko, se han visto dibujos y páginas sueltas, sin texto, pero enseñar imagen y leer un tebeo son dos cosas distintas. Un autor/a que pasa varios años trabajando en un proyecto la única manera de decir “sigo vivo, estoy con algo” es enseñar partes del proceso para que no te olviden. En la fase de creación sólo hay dos formas de hacer promoción, o vas enseñando lo que estás haciendo o te metes a polemista/pelota en las redes para que la gente se acuerde de ti cuando salga tu libro.

También surge el debate de la paridad.

Me sorprendió la bola que se le ha dado al pseudo-medio que polemizó sobre las bases y las autoras/jurado con nombres y apellidos. Con cada golpe en el pecho para situarse en un bando se compartió el enlace: más visitas para el medio. La realidad es que hubo dos quejas pero allí se hablaba de una investigación y denuncia, como si estuviéramos en un proceso judicial. Instrumentalizan cualquier asunto para arrojarlo a la cara del “enemigo”, funciona por acumulación y hemos picado, nos lo comimos con papas. El asunto de la puntuación en torno a la brecha de género es uno de los que el Ministerio ha tocado en la segunda convocatoria, entiendo que aprecian que era mejorable. Sinceramente, de las bases me preocupaba más que se castigase a la autoedición y que la calidad tuviese poco peso y una rúbrica poco definida con sólo dos páginas y una sinopsis pera valorar.

Es un sector que nunca ha recibido ayudas frente a otros como el audiovisual y la primera vez que dan unas parece que nos estamos matando entre nosotros.

Muchos guionistas de cine que trabajan en cómic te dicen siempre lo mismo, que el ambiente es mucho más sano. Cuando no hay nada a repartir es más sencillo mantener la armonía, en el cine siempre han estado a la gresca porque se mueve mucho dinero y en cómic ya ves cómo se ha puesto el percal por migajas. Es la condición humana y de eso habla de SSM, volviendo al libro.

Hay todo un sistema de subvenciones en las que el libro es un mal necesario para que la rueda siga girando.

Hay editoriales a las que el libro les da igual, antes te hablé de una, pagan sin problema, incluso por adelantado porque necesitan el producto para justificar una subvención que les reporta un buen beneficio, montante del que rara vez se entera el autor/a.

Creo que los números no cuadran desde hace tiempo, la balanza ventas y volumen de novedades hace pensar que bastantes editoriales viven instaladas en el crédito, tiene aspecto de burbuja pero llevo diciendo esto varios años y aún siguen las bolas en el aire, o el malabarista muy bueno o seguramente yo me equivoque y las distribuidoras no se quedarán con toneladas de libros para saldar. Los autores no vemos un céntimo de los saldos y matan las pocas posibilidades editoriales que tendrían esos libros.

Con el Premio Nacional entiendo que cambia la percepción de tu trabajo y eso se reflejará supongo en las ventas.

Hay un salto evidente pero el libro que más rentabilidad me da a largo plazo (goteo anual) es “Nela”. “Lamia” va por la 4ª edición, muchas ventas entre 2016 y 2018 pero luego no funciona tan bien en la distancia larga, aunque todo se reactiva cuando aparece un título nuevo, eso percibo en las sesiones de firmas. Lo que pasa es que se edita tanto que los libros aguantan muy poco en la mesa de novedades.

El Premio Nacional es obvio que influye, de entrada con las previsiones de la editorial, que sale con una tirada de 4.000 ejemplares, lo que refleja mucha fe en la calidad del trabajo, ya que llevo diez años desaparecido.

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El texto es imagen y la rotulación cobra especial protagonismo en la obra

Tu trabajo es muy analógico, hasta rotulas a mano.

Sí, salvo escanear, limpiar y maquetar lo hago todo a mano. En libros anteriores rotulaba con pluma estilográfica en papeles aparte, en este caso rotulé sobre el original con la misma plumilla y tinta con la que hice el dibujo porque la letra también lo es y la página adquiere consistencia. Yo sólo usé rotulación digital en mi primer libro (2004), pero ahí no tenía ni idea de lo que hacía.

Quiero que mi relación con el dibujo sea lo más rudimentaria posible, necesito relacionarme físicamente con el papel y las herramientas, simplificar el camino entre lo que hay en mi cabeza y recibe el lector, sin intermediario digital. Entiendo el trabajo con ordenador, facilita la vida, es más barato y rápido, es una herramienta eficaz, permite hacer cosas que la destreza manual no alcanza, además de admitir cambios sin fin y sin consecuencias, no hay error: colorear para graduar después con niveles, trazo retocado hasta que se convierte en simulación, inclusión de la IA en el proceso, etc. A mí todo eso no me interesa, nunca fui de gadgets, yo quiero que mi relación con el dibujo sea simple, como cuando era un niño y empezaba a rallar un papel o lo que pillase. Sin eso nada tiene sentido para mí.

Tu apuesta por el blanco y negro es muy firme.

Alguna vez he usado el bitono pero con una función narrativa, por norma general no uso color ambiental. Cuando uso color intento que tenga un sentido narrativo, como el esquema de colores que usé para intentar aclarar el embrollo de los negocios de la familia Franco en un encargo que hice para “El País semanal”. Juego con la idea de empezar algún libro con 10 páginas a color, como algunos mangas antiguos pero la historia debería exigirlo, tendría que escribir para ello, no sería gratuito y tendría que ceñirlo a un pliego o implicaría imprimir todo en cuatricromía y reventar la línea del resto del libro, no merece la pena. En términos generales tampoco me gusta cómo funciona el texto sobre el color, me parece que no encajan bien, aíslan al bocadillo como si fuera cosa aparte, lo tenemos interiorizado por las lecturas infantiles (franco-belgas, superhéroes) pero me funcionan mejor en B/N, eso lo puedes ver desde los pioneros si comparas las tiras con los Sundays. Lo más complicado es hacer funcionar el texto en cómic pintado a mano (o simulación IA), ahí siempre veo ilustración y texto, no ligan.

Siempre he visualizado mis historias en B/N, supongo que es generacional, soy del 78 y mi adolescencia entre 1990-95 lo marcó el tebeo independiente norteamericano y canadiense; los Hernández, Burns, Chester Brown, Clowes, Peter Bagge, Crumb, etc.

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“Yo vengo de Bellas Artes, mucho dibujo del natural”

Detrás de la aparente sencillez del trazo hay mucho trabajo.

Yo vengo de Bellas Artes, mucho dibujo del natural, muchas horas de pie frente al caballete analizando la figura humana. Se nota cuando hay base de dibujo académico porque es muy difícil sacudirse esa enseñanza, pero ayuda a sujetar la página. El dibujo de SSM es más orgánico que el de “Lamia”, se aproxima más a “Nela”, porque sucede en un entorno principalmente rural, pero es un dibujo más maduro en el sentido de depuración de la línea y la representación de espacio, también en la composición de la imagen, buscaba transmitir el vacío y la luz de los páramos de medianías de Gran Canaria, un escenario complicado.

¿Qué tamaño de página sueles emplear?

Trabajo en dina3, 42X29.7 cm, uso una caja bastante grande, ajusto a los bordes laterales.

Hay una depuración gráfica y narrativa. Buscas que haya menos páginas y que los sucesos transcurran fuera de la viñeta.

Sí. Defiendo la condensación como eje sobre el que pivota el lenguaje del medio, me gustan los tebeos magros, que la historia respire cuando lo necesite pero que maneje un volumen de información visual alto por página, imagen por encima de texto en la medida de lo posible. Yo estoy especialmente orgulloso de unas cuantas elipsis de este libro, exigen bastante al lector pero sin hacerle consciente de ello, son naturales, no afectan a la fluidez de la lectura ni le sacan de la historia por pensar en la forma. Hay estructura, pero no canta el andamiaje o al menos no llama la atención.

Las elipsis narrativas son constantes en el cómic.

Luego están las coreografías, con sus direcciones y composiciones. Por ejemplo, hay varias escenas de despacho, siempre intento que sucedan cosas distintas: un brindis que nunca tiene lugar, una mosca que incordia, rones que sí se beben, etc. Distraer al lector en escenas conversacionales, con una carga de texto alta para que las palabras no tengan tanta presencia, que parezcan tan ligeras como otras con apenas diálogos, eso lo aprendí adaptando a Galdós. Este guion va un paso más allá en síntesis del diálogo, lo que enfría bastante el tono, es menos emocional que el de “Nela”, más seco. Sin esa temperatura es un libro que deja un poso distinto, los que preferían “Nela” a “Lamia” también lo escogerán frente a SSM. Sea como sea, en la medida de lo posible intento evitar la consecución plano-contraplano de bustos parlantes.

Las elipsis de las charlas con el cura y las del náufrago son las mejores, desde mi punto de vista. Jugar con el tiempo usando espacio es el gran hallazgo de este medio, realmente es lo que más disfruto si hablamos de narración.

Utilizas los recursos del medio para conseguirlas y pides la participación del público. El cómic tiene una codificación que el lector habitual conoce, pero no sé hasta qué punto comparte alguien que se enfrenta al medio de una manera más esporádica.

Siempre intento que el libro funcione en dos canales, que lo pueda entender alguien que no lee cómics habitualmente y que el lector más cafetero también encuentre algo distinto más allá de entender lo que se cuenta. Quizás el libro donde más tuve presente esta doble lectura fue en “Lamia”, pero el germen estaba en “Nela”. Es un equilibrio difícil, ser sofisticado pero no artificial, estar con el lector y no por encima. Cuando al autor le ciega el ego y necesita mostrar al lector lo listo que es suele producir un tebeo lleno de “hallazgos”, artificios formales que envejecen rápido y mal. Hay un montón de cómics multipremiados entre 2010-2020 que hoy apenas se puede leer.

Está mal que yo lo diga, pero creo que mis últimos tres libros han envejecido bien y diría que con “Saquen sus muertos” sucederá lo mismo. Intento centrarme en que la historia funcione en cuanto a argumento y estructura, que el dibujo haga su función, que la lectura fluya al ritmo que pide la trama, que la forma no sea un obstáculo en la lectura que no se preste más atención a lo que cuento que a cómo lo cuento, “qué” y “cómo” equilibrado. La historia en el centro de todo.

Tenemos interiorizado que los capítulos acaban a final de página y que comienzan en la siguiente, algo que rompes en alguna ocasión.

Lo hago de manera natural. El origen del cómic está en la prensa y condensar era primordial, contar mucho en poco espacio, eso determinó este lenguaje. A principios de los 2.000 la moda fue estirar y el mercado se llenó de libros de 400 páginas que se podrían haber resuelto en 100. Yo intento destilar, sacar un producto magro pero que no quede excesivamente recargado y respire, que invite a la lectura. Que te agarre un par de horas y se lea de una sentada, pero que soporte varias lecturas.

En este libro sucede lo que comentas en el capítulo 11, que empieza en el último tercio de la página 74, yo uso una retícula de 3X3 y en esa página ocupé un 3×2 para generar un juego compositivo con base cuadrada, hay seis viñetas que marcan dos triángulos en sentidos opuestos. Todo sucede a la misma vez: tres viñetas son un recuerdo que se desvanece y las otras tres imágenes muestran al personaje que recuerda en el presente, pero con el tiempo ralentizado. Luego un gran gutter con el título del siguiente capítulo y la primera viñeta de situación, un plano general.

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Pulido rompe con las convenciones como comenzar los capítulos con la página.

Lo mismo pasa con el dibujo, que hay una depuración cada vez mayor.

Intento ser cada vez más sintético, creo que se ve la evolución en cada libro, en este caso por el tipo de escenario la línea tiende a lo orgánico pero cada vez compongo la imagen con menos elementos. Frente a “Lamia”, que parto de la geometría (incluso en el diseño de personajes), la verticalidad y el negro, el punto de partida en “SSM” era el blanco para representar la luz de esa isla atlántica en verano, es un libro más horizontal, con la línea del mar casi siempre presente, hay más aire, mucho espacio vacío para representar un paisaje canario de medianías y eso aporta un nivel de dificultad extra a la hora de componer porque los bocadillos adquieren mucho peso visual, son mancha. Es mucho más fácil usando masas de negro o color.

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La mancha de negro en la página.

Gráficamente siempre me ha recordado tu trabajo al que hacía Federico del Barrio con Felipe Hernández Cava. De hecho, el tamaño del libro, similar al francobelga, remite a los trabajos que hicieron para Ikusager.

Eso es un halago. “Las memorias de Amorós” fueron una inspiración importante en “Lamia”, empezando por la elección del formato, la composición con negros, el tono… salvando las distancias, creo que esa es la gran obra nacional. Es tirar piedras sobre mi propio tejado decir que entre los 80 y 90 se produjeron mis tebeos nacionales favoritos: Turandot, La pista atlántica, Taxista, Sabotaje, la saga Rocco Vargas, las citadas Memorias de Amorós, Artefacto perverso… la última generación de autores/as que pudo vivir dignamente de los tebeos y que abandonaron cuando dejó de ser un oficio viable.

Respecto al formato, mi dibujo es más de línea que de mancha, necesito que el trazo conserve cierto peso y por eso el formato álbum le viene bien. “Nela” no sufre tanto porque adapté el dibujo a ese formato, en aquella época miraba mucho a Chester Brown, que hace libros muy pequeños, pero consigue mantener la línea. Recuerdo estudiar los cuadernillos de “Louis Riel”, fue una influencia importante, en cada libro C.B. da una masterclass sobre cómo usar la elipsis y alejarse emocionalmente para dejar que el lector haga su propia lectura. Respecto a la línea, compara las ediciones americanas con la españolas de la obra de Jaime Hernández y entenderás lo que comento sobre cómo el formato afecta al dibujo.

Hay gente que está volviendo a los 80 con nostalgia de una época que no ha conocido, incluso en los fanzines se vuelve a lo analógico.

Diría que es una tendencia que se acerca más al tebeo alternativo de los 2000 que los 80, rollo Picture Box, Kramers Ergot, ect, aquellos autores sí estaban con la digestión de Gary Panter, etc. Me encanta que haya tanto movimiento underground, vuelve la fotocopia de tóner, risografía, serigrafía, cosidos etc, me interesa especialmente que además autor novel regresen a ese formato autores/as con algunos libros publicados tipo Brais Rodríguez o Martín Romero, con propuestas experimentales muy interesantes. También veo un generación de autoras que sí conectan con la línea ochentera del Víbora (Irene Márquez, Roberta Vázquez e incluso Lola Lorente con esa joya que es “Maganta”) y con la línea clara valenciana (Las Cols) pero no veo tantas propuestas estéticas que se acerquen al tebeo más tipo Madriz. En gran parte aprecio una fascinación generacional por la obra de Olivier Schrauwen, que es el gran autor europeo contemporáneo. Hay varios autores/as imitando su manera de hacer con mayor o menor fortuna: la manera de componer la página, el acabado de la línea, rotulación, las texturas, el color… pero Olivier hace parecer sencillo lo complicado, esconde muchas horas de dibujo del natural, intuyo una representación del espacio y el volumen muy trabajada y también análisis del lenguaje de los pioneros, cuando la narración cinematográfica no había contaminado nuestra visión, además aporta ideas originales y temas interesantes con los que experimentar, talento natural para la comedia que le permite dar esa apariencia despreocupada, envidio su capacidad para crear patanes entrañables. Hacer lo que él hace parece sencillo, hay bastante lectura superficial e intuyo que mucha de esa producción derivada no envejecerá bien. Veremos.

Vaya, parece que lo de perdurar me preocupa más de lo que pensaba.

Apuestas por el blog, algo anacrónico.

Me sigue pareciendo un espacio interesante e intento darle contenido, pero apenas tengo tiempo. Me interesa el análisis, pero me cuesta sentarme a escribir y las visitas no justifican el tiempo que le dedicas. No lo llamaría apuesta, más bien tortura, no le dejo morir.

Han ido desapareciendo las revistas teóricas y los espacios en los que los autores desarrollan sus propuestas.

Me encanta el formato revista, crecí con el Urich (luego el “U, el hijo de Urich”), Wendigo, etc. También con las revistas de 80s/90s: Zona 84, Cimoc, Creepy, Co&CO. Víbora, Cairo… pero el mercado dice que es inviable, una pena porque además de una generación entera de autores/as y críticos, se pierde el formato seriado, con la sana competencia que se generaba entre los autores/as de una misma publicación. Se ha intentado levantar varios proyectos de revistas los últimos 15-20 años, pero no hay nada que hacer sin kioskos ni lectores, sólo hay espacio para el libro. Esa es una vía muerta salvo que alguna institución pública lo financie, como en su momento sucedió con la citada “Madriz”. También murieron los blogs, apenas encuentro contenido interesante en la red más allá de reseñas de novedades. Más allá del libro sólo en el fanzine y la autoedición hay algo de vida.

¿Proyectos?

Por ahora descansar, llevo muchos de años empatando docencia con tebeos, sin vacaciones y mi cabeza lo nota. Este verano lo dedicaré a la familia, ir a la playa y leer. Yo suelo escribir en verano es el único período en el que puedo tener la cabeza en una sola cosa, sin guion en septiembre será un año en blanco porque durante el curso escolar la cabeza me da para dibujar pero para escribir. Veremos, si descansando aparecen ideas para un guion, me dejaré llevar y escribiré algo, pero no está en mis planes. Intentaré no desaparecer otros diez años.

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