Entrevistas·Firma invitada

Kike Infame entrevista a Hernán Migoya y Santiago Sequeiros

Entrevista a Hernán Migoya y Santiago Sequeiros

por Kike Infame
Kike Infame Retrato por Ricardo Mena

Hoy contamos con una firma invitada en Blog de Cómics: se trata de Kike Infame, hombre de múltiples facetas que destaca, sobre todo, como entrevistador. Y es precisamente una entrevista lo que nos ofrece en este post.

Una entrevista a dos grandes autores de cómics, entre otras cosas: Hernán Migoya, guionista y editor de una de las etapas más interesantes de la revista El Vibora y Santiago Sequeiros, autor de trazo personal, dibujante de cómics e ilustrador.

Ambos están de actualidad por la publicación del libro Las hazañas eróticas del cuarentón hijoputa, pero, como es habitual, la entrevista va mucho más allá.

No les entretengo más, disfruten ya de esta jugosa entrevista.

Pregunta: ¿Qué es Las hazañas eróticas del cuarentón hijoputa?
Migoya: Me gustaría dar una respuesta muy elaborada, pero en suma son cuentos erótico-festivos aunque parezca muy pueril la definición. En realidad también es pueril el contenido. Son cuentos eróticos en una época en la que todo parece mucho más complicado.

Los escribo desde hace casi cinco años, con Santiago aportando sus geniales ilustraciones, para la revista Primera Línea. Se trata de una revista mensual y llevamos ya 56 entregas de una sección que pretendía ser sólo lúdica, pero que ha evolucionado mucho. A mí me encanta estar embarcado en esto porque me permite trabajar con Santi, con el que tengo una complicidad muy bonita. Además comencé a escribir esos cuentos coincidiendo con mi marcha a vivir al Perú. Así que resulta casi mi único vínculo periódico, porque la realizamos cada mes, con la prensa española. De modo que le tengo mucho cariño.

P.: ¿Cómo empezó la colaboración?
Sequeiros: Empezó en 2013 o 2014 creo.

M.: En 2013, cuatro meses antes de mi partida definitiva de España.

S.: Yo llevaba un año sobrio.

M.: Cada uno con su tema (Risas). Nuestras referencias para marcar el tiempo son patéticas. Somos represaliados de la vida.

S.: A mí me llamó Miquel Echarri de Primera Línea para decirme que Hernán iba a hacer una sección de cuentos eróticos y querían que los ilustrara. Me pareció un encargo extraño porque soy un dibujante que erotiza más bien poco. No sé hacer chicas sexys, me inclino hacia lo grotesco y lo decadente. Tiendo a deformar las cosas; la raíz de mi estilo es una consecuencia de mis limitaciones como dibujante, como no sabía dibujar de modo natural… lo retorcía, y en consecuencia se estilizaba de aquella manera. En realidad a mí siempre me ha dado envidia saber dibujar mujeres como las de Love & Rockets, pero nunca me han salido. Esa frescura, esa vitalidad, esa alegría… ese AMOR… En mis dibujos prevalece el MIEDO.

Al principio dije que sí porque Hernán es amigo desde hace muchos años y porque Miquel me dio mucha confianza, una ciega libertad. Así que hice lo que suelo hacer en este tipo de casos: Buscar una aproximación lateral al texto, dibujar la línea de sombra. Decía Hernán que son cuentos erótico-festivos… y lo son, sobre el papel, pero yo empecé a especular con aquello que el papel callaba; o pensaba, quería, sospechaba que callaba, que no deja de ser al fin y al cabo una proyección de uno sobre el texto del otro. Y se empezó a producir una relación entre el dibujo y el texto muy interesante porque partimos del mismo sitio pero llegamos a direcciones diferentes y eso enriquece el conjunto.

P.: En tu obra, Hernán, parece haber una visión hedonista del sexo y de la vida, mientras que en tu caso, Santiago, el sexo es mucho más tortuoso y parece emparentado con la muerte. En tu trabajo previo en Ambigú o La mala pena se ven indicios de los que será este Cuarentón Hijoputa.
S.: Sí, es cierto que llevo mucho lastre. En la vida real soy mucho más lúdico, follando digo. Pero al dibujar se me cuelan los demonios, las sombras y los fantasmas, la línea se me pone grave, las formas pesan y cuando quiero ponerme estupendo sólo consigo volverme grotesco. Luego está el propio carácter dionisíaco del tema, la tensión desgarrada entre el eros y el tánatos; la disolución del principio de individuación en esa tensión, la confusión, la violencia, el placer insoportable, no sé, bastante pánico. En la Mala Pena es mucho peor. De todas formas los cuentos de Hernán también tienen su lado tortuoso. Parece que no dice nada, pero luego te das cuenta de la carga que tiene lo que quiere contar, son cargas de profundidad.

P.: El encargo era hacer relatos eróticos, pero casi son historias costumbristas.
M.: Yo preferiría decir que se desprende un cuadro costumbrista a través de una óptica esperpéntica, que para eso sirve la sátira y el esperpento. Es interesante lo que decías de los polos opuestos de Santi y míos. Es cierto y confluyen en algunos aspectos de la serie. Ni él se considera un dibujante eróticamente apetecible, que hubiese sido el camino fácil para Primera Línea, ni yo considero que alguien se pueda masturbar leyendo un texto mío. ¡Eppur si muove!

Los cuentos del Cuarentón sí que contienen mucho sexo porque va con mi bagaje, igual que lo tortuoso dices que va con el de Santi, pero no hay incitación masturbatoria. Lo que hay cada vez más es el reflejo del disparate grotesco de nuestras vidas, una muestra del absurdo cotidiano general: utilizo el sexo para desnudarnos en todos los demás ámbitos. En ese camino de la locura, sin reglas realistas, creo que es donde los dos nos sentimos más cómodos. En esa exuberancia valleinclaniana del lenguaje y de la imagen hay un terreno común, aunque lo manejamos de una manera diferente.

P.: No sé cuánto tienen de autobiográficos los relatos.
M.: Hay una especie de distorsión de mi interior. Quise hacer un personaje muy desquiciado con una vida mucho más interesante que la mía. Quise mostrar mi alma de niño, ese niño que no respeta nada. Todos los adultos guardan ases en la manga y me parecía interesante desnudar ese alma de niño, que actúa sin hipocresía, para crear a este hedonista.

Obviamente no son mis vivencias. Básicamente soy un gran escuchador de historias. Tengo muchas amigas y, a partir de lo que me cuentan empiezo a imaginar. Esa virtud sí que la tengo, y es que a partir de una mínima tontería puedo sacar todo un circo. Creo que es uno de los valores importantes de la serie.

P.: Decía Paco Roca que dejaba Memorias de un hombre en pijama porque en sus relaciones estaba pendiente de lo que le contaban para poder trasladarlo a la serie.
M.: (Risas). Afortunadamente no hay tanta conexión con la vida real. Mantengo una relación estable desde hace tiempo y me va muy bien. Sin embargo, desde hace años mantengo otra relación paralela, conmigo mismo, que no va tan bien. De esa fricción sale el personaje. En cualquier caso no me siento tan cercano a lo que cuento. Salvo que comparto la adoración del Cuarentón por las canciones de Julio Iglesias, ja ja ja.

P.: También contribuye a ello el hecho de que siempre te dibuje Sequeiros, caricaturizado y convertido casi en un icono.
S.: Es que a mí me pasó lo mismo que a ti. Cuando leía los relatos me costaba diferenciar realidad y ficción y empecé a dibujar a Hernán, pero la broma se me fue de las manos. Al imaginarme los relatos siempre pienso en Hernán, pero como si estuviera mutando en La Masa, Hulk, un cúmulo rojo de pliegues y nervios enraizándose en el aire, no sé.

Acabó convirtiéndose, más que en un icono, en un arquetipo de un instinto primario, desmesurado, un inconsciente desatado. Es una mezcla de Homer Simpson y RanXerox bajo la risotada esa que tiene Hernán. A veces también se me aparece Mortadelo…

Al principio me costó porque no sé hacer caricaturas, pero creo que, con el tiempo ha ido creciendo un personaje con personalidad propia, la suficiente para que sea Hernán el que empiece a parecérseme al Cuarentón.

Creo que lo mismo pasa a nivel narrativo por parte de Hernán. Se ha convertido en otra cosa.

P.: Las historias parece que se van hilvanando entre sí formando una biografía. Posteriormente aparecerá el personaje de Greta que hará que siga creciendo la apuesta.
M.: Probablemente todo provenga de mi amor por el serial. De entrada pensamos que nuestra propuesta no duraría mucho en Primera Línea, porque está muy lejos de ser un relato erótico al uso. Nuestro contenido nos parecía demasiado extravagante para el público general. Sin embargo, vimos que la serie continuaba, así que teníamos que hacer que siguiera creciendo. De este modo nace el personaje de Greta, que es al Cuarentón lo que Red Sonja frente a Conan o Sheena frente a Tarzán: la horma de su zapato. ¡Esos son mis referentes! (Risas).

Al principio me sentía constreñido dentro de los límites del cuento erótico, pero progresivamente he desarrollado una seguridad en el formato de la serie que me permite entrar con un aplomo tremendo a lo que narro y atreverme a cualquier cosa. Precisamente ahora hemos incluido la primera experiencia homosexual pasiva del Cuarentón de un modo muy delirante pero tierno.

Yo no quiero que la serie se acabe porque cada vez estoy más a gusto. Como te decía, es mi nexo con mi parte más española, o catalana, esas excrecencias de mi origen que se te quedan.

hazañas cuarenton migoya

P.: Hay una reivindicación de esa caspa, de ese show celtíbero que parece que queremos hacer desaparecer en un contexto cada vez más políticamente correcto.
M.: Sí, a mí me gusta mucho ese punto cañí y desenfadado, y me da pena la falsa sensación de pulcritud anglosajona y protestante que se quiere implantar. Tiene que ver con mi obsesión con la hipocresía. Si el mundo que nos cuentan en los telediarios y en las redes fuera real lo aceptaría, pero no es lo que yo veo. Frente a ese gusto pequeñoburgués e higienizado que nos quieren imponer me sale la rebeldía y creo que va a quedar ya como una seña de identidad de todo lo que escriba.

Como los relatos lo permiten lo meto allí. Y es que la guarrada mediterránea le sienta muy bien al Cuarentón. Santiago tiene también un punto de vista muy europeo en su trabajo. Frente a esa perfección estadounidense que nos quieren mostrar, su dibujo siempre trae complicaciones, lo que resulta cojonudo.

P.: No sé si os censuráis pensando en las reacciones de los lectores y de las redes.
S.: A nivel de escritura no lo sé, pero yo nunca he encontrado rechazo a mis dibujos, al menos de manera frontal. Quizás es que tampoco soy un personaje público. Sí creo que hay cierta hipocresía en las redes. Cuando alguien quiere significarse como políticamente correcto busca contextos más amplios para que se le oiga. Lugares comunes en los que significarse.

Hay mucha figuración y gente que quiere mostrar lo neutro que es. No sé para qué lo hacen, la verdad, esa gente quiere demostrar que tiene una opinión, pero que es igual que la de los demás. Podría entender esa necesidad si la opinión fuese diferente pero no es el caso.

M.: Me parece maravilloso lo que acabas de decir, Santi. No había caído en ello, pero imagino que hay un complejo de político en esa actitud, Es la necesidad de liderar a la gente que piensa igual.

Respecto a lo que decías, Kike, creo que los artistas más o menos podemos desarrollar nuestro trabajo sin dificultad. pero estamos en una época en que, por la presencia omnipresente de las redes, todo el mundo opina. En consecuencia, el artista se ve también obligado a opinar y es cuando puede generar problemas que mucha gente no va a entender.

Santi y yo nos dedicamos a nuestro arte y aprendí, por experiencia propia, que es mejor no opinar sobre tu obra. Cuando empiezas a opinar y a autodefinir empiezas a reducir tus propias visiones y posibilidades creativas. Creo que es bueno que nos limitemos a soltar la obra, que es lo que importa, que la obra viva y la interpreten los demás. Podemos opinar por ego o por lo que sea pero probablemente no vamos a aportar demasiado a la obra.

En cualquier caso, El Cuarentón Hijoputa no está editado por Anagrama. Lo ha publicado una estupenda editorial de cómics, pero por clasismo cultural y por su explicitud es difícil que llegue a un gran público ni tampoco al establishment literario. He entrado en librerías en las que, recién salido como novedad, han puesto el libro de canto para evitar que se vea demasiado. Además, yo sí que me autocensuro en la comunicación pública y me alegro. Creo que tiene que llegar a quien tiene que llegar.

P.: Lo edita Dibbuks, que habitualmente publica cómics y los dos venís precisamente del mundo de las viñetas. ¿Convierte al libro en un rara avis, a medias de los dos mundos, el de la literatura y el cómic?
S.: Pues supongo que algo de eso hay, sí. No se podría decir que sea una historia standar de literatura ilustrada. Probablemente tengas razón y se haya mezclado un poco todo: la ilustración, los cómics y el trabajo que suelo hacer para la prensa que es más conceptual. Se trata, creo, de lograr un engendro orgánico, una aparente síntesis hecha de antítesis. Diferentes lenguajes confluyendo por capas, pliegues, engarzándose dentro de un bloque cohesionado. Esa es un poco la idea cuando decidimos reunir todos los relatos en un libro, y de ahí que añadiera una veintena de ilustraciones inéditas, tendencias masoquistas aparte.

M.: Yo me imaginaba que sería así porque ya con Norma publiqué la novela a la que más cariño le tengo: Quítame tus sucias manos de encima. Pasó absolutamente desapercibida a pesar de que 50 ilustradores españoles y latinoamericanos me ayudaron regalándome una ilustración cada uno, insertas en la narración. También fue un rara avis. Es muy curioso que el mundo literario, que tiene tantas ínfulas, no sepa cómo aproximarse a otras propuestas diferentes como Quítame tus sucias manos de encima o las Hazañas eróticas del cuarentón hijoputa, y simplemente las ignoren. A no ser que el libro provenga de Estados Unidos, claro. Entonces es lo más, reverencias a tope. Ese conservadurismo en una de las artes con mayor arrogancia y amor propio siempre me ha epatado, al proceder yo de un medio con tan poca autoestima como el cómic.

Dicho esto, sí me ha sorprendido el entusiasmo con que la prensa está recibiendo al Cuarentón Hijoputa. Sospechaba que el circuito del libro iba a ser limitado, algo que no me preocupaba porque mi motivación era conseguir una bonita edición, como así ha sido. Sin embargo he disfrutado viendo cómo los periodistas y sobre todo las periodistas han acogido el libro juzgándolo como un soplo de aire fresco, entendiendo la intención de los cuentos, sabiendo que flirteo tanto con lo elevado como con lo vulgar como extremos de mi propia paleta al escribir. Entendiéndolo por fin, sin reprocharme esas vulgaridades que introduzco, aunque pueda jugar a lo soez en ocasiones. Y lo que también me ha dado mucho gusto es la cara asombrada de muchos escritores al ver el libro, al contemplar la exuberancia del trabajo de Santiago y el modo en el que su arte se relaciona con el texto. Son cuentos e ilustraciones a la par, de ahí que firmemos los dos los relatos. Los escritores de hoy no están acostumbrados a que se puedan editar cosas así y se quedan turulatos mirando el libro.

 

P.: Quizás se ha ido asimilando tu trabajo. Ya con Todas putas recibiste por todos lados.
M.: Cuando empiezas a escribir tienes héroes como el Marqués de Sade o D. H. Lawrence, autores a los que admiras. No es que llegue a la décima parte de lo que ellos hicieron, claro. El caso es que cuando recibes el vapuleo, piensas lo injusta que está siendo la gente contigo, pero cuando te fijas en las vidas de estos escritores compruebas que ellos en su tiempo fueron de cárcel en cárcel y de prohibición en prohibición. Entonces piensas que quizás no te han golpeado lo suficiente para llegar a ser un gran autor.

P.: Quizás para muchos este libro suponga un por fin, ya era hora de que alguien se exprese sin miedo al qué dirán o a quedar bien.
M.: Mira, yo trabajé en el Festival de Cine Fantástico de Sitges con ese maravilloso director, Ángel Sala. Todos los que trabajábamos allí teníamos un gusto común. Nos encantaban películas populares que en su momento la crítica desechaba como basura, películas como Conan el bárbaro, Mad Max, The Crow, Showgirls, los spaghetti western… Casos como la impresionante La madre muerta, que el crítico oficial de El País catalogó en su estreno como “cine de mentira”.

Por lo general han de pasar veinte años para que la gente del establishment valore tus propuestas. No siempre es así, pero frente a una propuesta disruptiva suele generarse primero un rechazo y después, poco a poco, se va asimilando. Coppola se queja todo el día que ya está muy mayor para esperarse veinte años a que su nueva película se considere una obra maestra, después de que todos se caguen en ella al estrenarse, como le sucedió con Apocalypse Now y le sucede ahora con todas sus últimas pelis.

Todo lo que nos gustaba en los 80, los críticos de entonces lo consideraban una mierda. En el presente, sin embargo, los críticos de hoy consideran un canon ese mismo cine, lo que resulta ridículo. Vamos de prejuicio a prejuicio y tiro porque me toca.

P.: En tu caso, Santiago, da la sensación de que tu trabajo en el Cuarentón Hijoputa funciona por acumulación. Da la sensación de que echas cada vez más carne a la picadora hasta que dejamos de reconocer sujetos y vemos grandes masas de carne cruda mezclándose.
S.: Sí. Tiene que ver con la forma en la que estoy trabajando desde hace dos o tres años. Dibujo en los bares y dibujo sobre cuadernos, a pelo. Ya no bebo, pero en los bares me siento más ligero que en casa, lejos de los libros, los tebeos, el tablero de dibujo, de las cosas que me atan. Me tomo un café y empiezo a dibujar sin saber a dónde voy a llegar. El tiempo es mucho más laxo, pierdo la mañana jugando con el lápiz y poniendo en aprietos al Cuarentón…en el Cuarentón el concepto se me va ocurriendo mientras voy dibujando.

Si en prensa mi trabajo se articula mediante un proceso de poda, en el Cuarentón ocurre por acumulación. Y creo que tiene que ver con la propia naturaleza del lenguaje y del tema, que aquí se desarolla por pliegues. Una imagen envuelta por pliegues, múltiple no sólo porque tenga muchas partes sino porque se pliega de muchas maneras… y ahí voy acumulando cuerpos y repeticiones. Tiene que ver con la forma de trabajo… y también con la idiosincracia de lo que estoy contando, individuos desdibujándose follando, reafirmándose mientras se diluyen, definiéndose por la ausencia de coherencia, de cohesión. Hay cuerpos superpuestos pero hay metamorfosis y todo es simultáneo.

P.: Después de cinco años con la serie, ¿cómo hacéis para manteneros frescos?
S.: Para mí cada nuevo relato es nuevo. No sé lo que hago o si me estoy repitiendo. Al principio sí intentaba hacerlo bonito, erótico. Hasta que en el tercero de los relatos dibujé a un hombre arrodillado, introduciendo la cabeza en el culo de la mujer para representar que le estaba sodomizando, y pensé que por allí era por dónde tenía que continuar, por esa especie de bilocación. Leo el relato y busco una grieta donde colarme, eludo la descripción del texto pero tampoco hago una síntesis, de hecho juego bastante con la antítesis. Creo que ya hace tiempo que no hacemos cuentos eróticos, sino historias con sexo. Disfruto mucho con ello, de hecho, es lo que tu decías, cada vez voy dibujando más y sigo cobrando lo mismo pero es por el placer de hacerlo. Yo no me estoy aburriendo nada.

M.: Hay dos cosas que me gustan. Se mantiene el planteamiento de jugar. Es lo que te contaba de sentirme un niño y tender ese punto lúdico. El Cuarentón puede tocar todos los temas desde ópticas muy extremas y salir indemne de revolcones en el más hondo estercolero.

Otra cosa que me fascina, a mí que siempre he sido muy fan de los géneros bastardos como los seriales, los cómics por entregas, los folletines, es pensar que el Cuarentón Hijoputa acabe siendo la obra más personal que he hecho. Por eso no quiero que se acabe.

P.: ¿Proyectos con el Cuarentón?.

S.: Seguir hasta que nos dejen. Molaría hacer otros cuarenta.
M.: Nos encantaría que la industria del ocio quisiera hacer películas, parques temáticos y series de HBO basadas en las peripecias del Cuarentón Hijoputa, pero con que en el futuro salga un segundo volumen para que quede todo más redondo nos conformamos. Ese es el objetivo en realidad. Con que nos dejen continuar estamos felices.

 

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